Todo el dinero extra de Rocío estaba con Nerea, sin siquiera un recibo. Era demasiado confiada.
Nerea bromeó:
—¿No te da miedo que agarre tu dinero y me fugue?
Rocío respondió despreocupada:
—No hay bronca, fúgate. Si te lo llevas, tendré excusa para ir a pedirle más al Sr. Patán.
Al mencionar al «Sr. Patán», Rocío no pudo evitar quejarse:
—Hermanita, te cuento, no sé si el Sr. Patán se tomó la medicina equivocada o si se golpeó la cabeza. De la nada me llamó para ver cómo estaba, preguntando cómo me iba en la filmación y si alguien me molestaba. Y aparte, me acaba de dar cien millones para mis gastos. ¿Tú crees que está enfermo?
Nerea frunció el ceño ligeramente. Ya le había parecido que Cristian actuaba raro al despertar.
Si no fuera porque ella misma le había aplicado el tratamiento, habría sospechado, igual que Esmeralda, que alguien le había hecho algo, incluso brujería.
Ahora, al escuchar a Rocío, esa sensación se hizo más fuerte.
Pero no podía precisar nada, ni tenía pruebas.
—Le cayó una lámpara en la cabeza, apenas despertó hoy.
—¿Ah, sí? —se sorprendió Rocío.
Esmeralda y los demás no consideraban a Rocío parte de la familia, así que ella ni siquiera sabía que Cristian estaba herido.
—Hermanita, ¿no será que quedó mal de la cabeza? Cuando se le pase, ¿me pedirá que le devuelva el dinero?
Sin esperar respuesta, Rocío resopló:
—Aunque me lo pida no se lo doy, le diré que ya me lo gasté todo.
Había mucha gente en el hospital. Mientras Nerea hablaba por teléfono con Rocío, Leonardo caminaba silenciosamente a su lado, apartando discretamente a la gente para que no chocaran con ella.
En la entrada del hospital se escuchó un alboroto.
—¡Abran paso, rápido! —gritó una enfermera.
Una ambulancia llegó a toda velocidad.
La gente se apartó apresuradamente para dejar pasar la camilla.
Alguien empujó a Nerea y casi se cae, pero Leonardo la sostuvo de la cintura a tiempo y la atrajo hacia él.
Nerea quedó recargada en el pecho de Leonardo.
—¿Estás bien? —preguntó Leonardo con naturalidad, mirándola de frente y con franqueza.
Nerea reprimió la incomodidad que empezaba a sentir, pensando que estaba exagerando.
—Estoy bien, gracias, Leo.
Aunque ya se había aclarado que el incendio fue un accidente provocado por un investigador que calculó mal la dosis, el proyecto estaba suspendido.
Leonardo también tenía que colaborar con la investigación, así que estaría muy ocupado últimamente y no tendría tiempo de cuidar a Nerea.
Nerea planeaba regresar a Puerto San Martín.
Pero cuando Samuel se enteró, la mandó de viaje de negocios ahí mismo.
Tenía que representar a la empresa en un cóctel de negocios y en una conferencia de líderes de la industria.
Así Samuel no tendría que volar específicamente a Puerto Rosales.
Al salir del hospital, Leonardo miró su reloj.
—Le avisé a Kevin que viniera por ti, ya debe estar llegando.
Nerea iba a decir que no hacía falta, pero en ese momento llegó el coche de Kevin.
Se había peinado y arreglado especialmente para la ocasión; se veía elegante y con estilo, como un modelo dominando la pasarela.
Refinado, guapo y con clase.

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