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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 426

—Sí. —Álvaro se dio la vuelta y se dirigió a la cocina.

—Papá —lo llamó Nerea.

—Mande —respondió Álvaro de inmediato, volteando a verla con una sonrisa—. Nere, ¿se te antoja algo en especial? Yo te lo preparo.

Al ver la sonrisa cariñosa de Álvaro, Nerea también sonrió levemente. —Leo tampoco ha comido, haz una porción extra.

Álvaro asintió repetidamente. —Sí, sí, espérenme tantito, les preparo un caldito de pollo con fideos.

—Gracias, Álvaro.

Ulises trajo dos vasos de agua.

A Nerea le dieron un té caliente endulzado con miel, y a Leonardo, agua con limón y hierbabuena.

Nerea le acarició la cabeza. —Gracias, mi amor.

Álvaro era rápido en la cocina; pronto tuvo listos dos tazones de caldo de pollo con fideos y preparó una guarnición.

Mientras comían, Álvaro fue a calentar dos vasos de leche.

Oficina del presidente Vega.

—Señor Vega, ya averigüé todo. Los que secuestraron a Emilia fueron unos parientes suyos, no fue gente de Pedro.

—¿Parientes? —Cristian levantó la vista hacia Yago.

Yago asintió. —Así es. Dicen que le guardaban rencor a Emilia por haberlos metido a la cárcel. Así que cuando salieron, se pusieron de acuerdo para secuestrarla y venderla a un pueblo lejano haciéndolo pasar por un matrimonio arreglado por «los mayores». Dicen casarla, pero en realidad era trata. Si vendían a Emilia, ellos heredarían sus bienes.

Cristian jugueteó con la pluma que tenía en la mano. —¿Y Vicente? ¿Pedro quiere lavarse las manos así nada más?

—Vicente niega que Pedro le haya ordenado nada. Dice que su novia lo engañó, que él solo quería ayudar a su novia a desquitarse y por eso les echó la mano a esos tres. La novia de Vicente es hija de uno de los secuestradores. La razón por la que llamó para decirles que trataran bien a Emilia fue porque se enteró de casualidad que era amiga de Nerea y le dio miedo ofender a Nerea. Y otra cosa...

Yago hizo una pausa. —La directora Galarza y su equipo no encontraron a Emilia.

Cristian apretó la pluma con fuerza. —¿No encontraron a Emilia?

—Antes de que llegara la directora Galarza, Emilia escapó por su cuenta, pero después de eso no han encontrado rastro de ella. Buscaron en el río, en las zanjas, en los barrancos, y nada.

Cristian frunció el ceño, pensativo.

En su sueño, Emilia también había sido secuestrada al salir de la prisión, también la habían golpeado y metido en un costal.

¿Por qué los secuestradores habían cambiado y ahora eran sus parientes?

Si Emilia escapó y está desaparecida, ¿dónde podría estar?

¿Qué tan angustiada y triste debe estar Nerea?

En el sueño, él había sido testigo de lo profunda que era la amistad entre Nerea y Emilia.

También había visto cómo Nerea lloraba desgarradoramente, con un dolor insoportable, al enterarse de la desaparición de Emilia.

La policía estaba interrogando a Pedro.

Pedro miraba a los oficiales con impaciencia. —Por favor, oficial, ¿uno no puede hablar por hablar? No me diga que usted nunca ha dicho cosas fuertes cuando está enojado. Decirlo no significa hacerlo.

El oficial continuó: —Si tú no ordenaste el secuestro de Emilia, ¿por qué amenazaste a Nerea diciéndole que no volvería a encontrarla?

Pedro soltó una risa burlona. —Claro que no fui yo. Yo ni siquiera sabía que Emilia estaba secuestrada. Nerea vino a mi habitación a preguntarme dónde estaba Emilia, y yo solo le seguí la corriente para asustarla. Quién iba a decir que sería tan tonta como para creérselo.

—¿Es Vicente tu hombre de confianza?

—Es mi hermano del alma —dijo Pedro mirando al oficial con inocencia fingida—. ¿Por qué?

—Él participó en el secuestro, ¿cómo explicas eso?

Pedro puso cara de cínico, como si nada le importara. —Él es él y yo soy yo. ¿Qué tengo que ver yo con que él secuestre gente? Si su papá mata a alguien, ¿a poco usted también va a la cárcel? Oficial, ¿no se está pasando con las calumnias?

En las comunicaciones entre Pedro y Vicente no se mencionaba a Emilia por ningún lado.

Pedro había estado antes en Valparaíso y luego en el hospital; tenía coartada todo el tiempo.

Así que la policía solo lo interrogó, no lo detuvo.

El video del interrogatorio se envió a la Fiscalía. Cuando Nerea y su hijo llegaron, Leonardo lo estaba viendo.

Al ver la cara de Pedro en el video, ¡Nerea solo quería matarlo!

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