Aunque había muchas sospechas sobre Cristian, Leonardo no tenía pruebas concretas.
En cuanto llegó el abogado, tuvo que dejarlo ir.
Cristian firmó los papeles y Yago le entregó su teléfono.
Cristian miró a Leonardo y marcó el número de Asuntos Internos para poner una queja delante de él.
Nerea llegó a la comisaría en ese momento y pasó a su lado a propósito, chocándolo con el hombro.
*Clac.*
El celular de Cristian cayó al suelo y la pantalla se estrelló.
—Uy, perdón —dijo Nerea recogiéndolo y dándoselo, sin una pizca de sinceridad—. ¿Cuánto es? Te lo pago.
Cristian sabía que lo hizo a propósito. Sentía una mezcla de coraje, amargura y dolor, pero no podía hacer nada.
¿Qué iba a hacer?
¿Gritarle? No se atrevía; si lo hacía, estaba acabado.
¿Odiarla? No podía. Le debía tanto que no le alcanzaría la vida para pagarle, no tenía cara para odiarla.
¿Resentirse? ¿Con qué derecho? Si acaso, solo podía resentirse consigo mismo por haber sido un ciego, un idiota y un patán.
Cristian se tragó el trago amargo.
—¿Emilia está bien?
La voz de Nerea fue fría.
—Eso no es asunto del señor Vega.
—De verdad vine aquí solo para ayudar a encontrar a Emilia. —Bajo la mirada ansiosa de Cristian se escondía una leve esperanza.
Esperaba que Nerea le sonriera, que cambiara su opinión sobre él, que le mostrara un poco de amabilidad y dejara de odiarlo tanto.
Aunque fuera un poquito.
Pero estaba destinado a decepcionarse.
Una Nerea sin amor tenía el corazón de piedra.
—¿Y? ¿Qué quieres que te diga? ¿Gracias?
Nerea lo miró con sarcasmo y curvó la boca en una sonrisa gélida.
—Cristian, sigue soñando.
La esperanza en los ojos de Cristian se desvaneció poco a poco, y se vio increíblemente abatido.
—Cristian, si te atreves a denunciar a Leo, publicaré tu película porno con Isabel. Nadie saldrá bien librado.
Al escuchar "película porno", el rostro de Cristian cambió de color varias veces.
La humillación y el arrepentimiento lo hacían querer que se lo tragara la tierra.
Ahora solo quería destruir todo.
Como en el sueño, destruir todo lo relacionado con Isabel.
Borrar cualquier rastro de ella.
Apretó los puños y dijo entre dientes:
—Borra el video.
—¿Por qué habría de borrarlo? Es la primera vez que veo una escena de acción tan intensa, actúan mejor que los profesionales, puro sentimiento y muchas poses. Es muy bueno, sería una lástima borrarlo.
—¡Nerea! —rugió Cristian.
Si ese video seguía existiendo, le recordaría a Nerea constantemente lo basura y sucio que él había sido.
Ella jamás lo perdonaría.
Pero al ver la mirada gélida de Nerea, de repente se desinfló. Con los ojos rojos, suplicó casi humillándose:
—Vine a ver a tu madrina.
Álvaro puso los ojos en blanco y dijo sin rodeos:
—Mejor no vayas a hacer coraje a mi ahijada.
Ulises asintió.
—Papá, mi madrina probablemente no quiera verte. Mejor no vayas, dame las flores y yo se las llevo.
Cristian miró a Ulises con cara de palo.
¿Acaso iba a ver a Emilia?
Iba a ver a Nerea.
¿Ese pequeño mocoso no se daba cuenta?
—Mi mamá tampoco quiere verte —añadió Ulises.
Cristian se quedó mudo. Vaya hijo, experto en clavarle puñales en el corazón en lugar de ayudarlo.
Justo en ese momento, sonó una voz muy odiosa.
—Vaya, ¿no es el señor Vega? —Kevin cerró la puerta de su coche y se acercó caminando con arrogancia.
—Señor, déjeme ayudarle —dijo Kevin tomando con entusiasmo las viandas de manos de Álvaro.
Su asistente venía detrás, cargado con un montón de bolsas.
Kevin miró a Cristian y arqueó una ceja con sorpresa fingida.
—¿Acaso el señor Vega no sabe que nadie quiere verlo? Al verlo, todos se ponen de malas, todos recuerdan las cosas que hizo para lastimar a Nerea.
Luego sonrió con malicia.
—¿O será que el señor Vega lo sabe perfectamente, pero no le importa ni le interesa cómo se sienta Nerea al verlo? ¿Solo quiere egoístamente lograr su objetivo?

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