Cristian no podía esperar más, ya no lo soportaba.
Nerea no solo tenía a Leonardo como novio oficial. Incluso si Leonardo no existiera, estaban Liam, Kevin, Nicolás... nunca le llegaría el turno a él. Y aunque le llegara el turno, Nerea no lo aceptaría de nuevo, mucho menos lo amaría.
Ella solo le diría que se largara, cuanto más lejos mejor.
—¿En qué etapa está el proyecto de borrado de memoria? —preguntó Cristian por teléfono a Yago, sin dejar de mirar a Nerea en el video.
Se sentía como una rata de alcantarilla, un voyerista pervertido que no merecía la luz del sol.
—Ya ha entrado en la segunda fase de ensayos clínicos —respondió Yago.
Cristian cerró los ojos y respiró hondo. Su voz sonó gélida, sin emoción alguna.
—Diles que si terminan el proyecto un mes antes, les duplicaré el bono. Dos meses antes, se triplica. Y así sucesivamente, sin límite.
—Señor Vega, usted... —Yago dudó, pero al final dijo—: Está bien.
—¿Qué ibas a decir?
Yago guardó silencio un momento antes de hablar.
—Señor Vega, digo, por si acaso... si algo sale mal, la directora Galarza lo odiará por el resto de su vida.
Cristian respondió con firmeza:
—No saldrá nada mal.
***
En el reservado de un hotel de seis estrellas.
Nerea había desarrollado una cápsula médica de soporte vital, una mejora basada en las cápsulas de videojuegos, y ya estaba en fase de ensayos clínicos. Necesitaba pacientes diversos para las pruebas.
Aprovechando la posición de la familia Aranda en el mundo médico, Nerea le había pedido a Zenón Aranda, el hermano mayor de su amigo, que organizara una cena con los directores de varios hospitales de Puerto San Martín. Quería firmar acuerdos para los ensayos clínicos.
Liam, como socio desarrollador, también asistió a la cena.
Pero, para sorpresa de todos, Cristian llegó sin invitación.
Se paró en la puerta, impecable en su traje, con un aire de nobleza y una sonrisa ligera.

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