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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 478

Los dos ancianos se pusieron rojos de la vergüenza al instante.

—¿El joven es militar? —preguntó Miranda para cambiar el tema y romper la tensión.

—Sí —asintió Nicolás. Ya había notado su mirada y la atmósfera de respeto entre ella y Nerea.

Supuso que era la profesora de la que Nerea le había hablado.

La razón por la que él estaba allí era porque, en una comida anterior, escuchó a Nerea mencionar que iría al resort de aguas termales con su profesora el fin de semana.

Así que investigó un poco y se trajo a los padrinos para coincidir.

—Disculpe, ¿usted es...? —preguntó Nicolás con respeto.

—Soy la profesora de Nere.

—¡Buenas tardes, profesora! —saludó Nicolás con formalidad; hizo el saludo militar y luego le tendió la mano.

—Mucho gusto, soy Nicolás Cabrera.

—¡Así que tú eres Nicolás!

Miranda, naturalmente, sabía quién era.

La prisa de Nerea por desarrollar la cámara médica se debía en gran parte a él. Los mandos militares de Puerto Rosales también la habían llamado para pedirle que le diera prioridad al proyecto de Nerea.

—¿Sabe quién soy? ¿Acaso Nere le habló de mí? —Nicolás miró a Miranda con sorpresa y alegría.

—Lo mencionó —asintió Miranda, mirándolo de nuevo—. ¿Ya estás completamente recuperado? ¿Cómo van los chequeos? ¿Alguna secuela?

Nicolás había sido muy bien atendido en el hospital militar; los masajes diarios evitaron que sus músculos se atrofiaran a pesar de haber estado en cama meses.

Nerea intervino:

—Por ahora no hay secuelas. Le pedí que se hiciera chequeos básicos diarios. Al principio, un examen completo cada diez días, luego cada quince, y después será mensual.

Miranda asintió.

—Hay que llevar un buen registro de los datos.

Mientras hablaban, el elevador llegó.

Todos se dirigieron al restaurante.

Nicolás se separó de Nerea y su grupo con pesar, pero se consoló pensando que estaban en el mismo resort.

Después de comer, Nicolás esperó a Nerea en la entrada del restaurante.

—Nere, ¿qué vas a hacer al rato?

El clima estaba agradable, así que planearon caminar por el sendero ecológico. Una vuelta completa tomaba dos horas; era buen ejercicio y no muy pesado.

A las cuatro de la tarde, se prepararon para hacer una parrillada.

—¡Qué favoritismo! —bromearon los colegas.

Nerea sonrió.

—Se las llevaré a la profesora y a los demás.

—Así está mejor —dijo una colega riendo—. Si no, a los solteros nos va a dar envidia de la mala.

Nerea tomó el plato con las brochetas y caminó hacia donde estaban Miranda y los padrinos de Nicolás.

Estaban pescando junto al lago.

Un empleado del resort, que caminaba apresuradamente, chocó «accidentalmente» con Nerea.

Al sostenerlo para que no cayera, Nerea vio de reojo un destello plateado escondido en su manga: una daga.

La expresión del empleado cambió instantáneamente a una mueca feroz y sacó el arma para apuñalar a Nerea.

—¡Nere! —gritó Nicolás, arrojando las brochetas y corriendo hacia ella.

Pero en ese instante, ocurrió algo inesperado.

*¡Bang!*

Un disparo estalló en los oídos de todos...

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