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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 498

No importaba cuán tarde llegara a casa, antes siempre había una luz encendida y alguien esperándolo.

Ulises aceptó a regañadientes:

—Está bien, iré a quedarme contigo unos días.

***

Por otro lado, en la sala de interrogatorios de la policía municipal.

La Directora Cabrera miraba a Nerea con severidad, lanzando preguntas agresivas:

—Señorita Galarza, al enterarse de que el reactivo era defectuoso y contenía un virus necrótico altamente contagioso, ¿por qué no lo reportó al Estado de inmediato?

—Porque el reactivo provenía del mercado negro, no de canales oficiales. Tenía mis dudas sobre la procedencia y las implicaciones.

La Directora Cabrera presionaba paso a paso, con preguntas afiladas:

—Entonces, ¿por qué decidió estudiar el reactivo en secreto y por su cuenta? ¿Qué planeaba hacer con esa investigación?

Nerea respondió con calma, sin dejarse llevar por las emociones:

—Primero, no fue «en secreto». Si hubiera querido ocultarlo, habría buscado un laboratorio clandestino, no las instalaciones de Farmacéutica Navarro, donde dejé videos y registros valiosos del experimento. Le pido, Directora Cabrera, que sea precisa con sus palabras.

—Segundo —continuó Nerea—, soy médico y soy mexicana. Me preocupaba la propagación de un virus tipo zombi, así que quise usar mis conocimientos para desarrollar un antídoto. Si alguien llegaba a infectarse, quería tener una cura lista para ayudar.

La Directora Cabrera soltó una risa despectiva.

—Lo que querías era adelantarte al mercado, esperar a que el virus brotara y vender la cura, ¿verdad? ¿Sabes que por tu egoísmo el Estado perdió dos semanas valiosas? ¿Cuánta gente ha sido perjudicada en estas dos semanas?

Nerea frunció el ceño.

—Lo siento, pero eso no es cierto.

Justo en ese momento, la puerta de la sala de interrogatorios se abrió y Nicolás apareció con el rostro serio.

—Alejandra, ¿por qué la estás tratando así?

Nerea se quedó perpleja. Miró sorprendida a Nicolás y luego a la severa Directora Cabrera.

La mujer frunció el ceño.

—Llámame Directora Cabrera.

Nicolás entró a zancadas.

—Nere no ha hecho nada malo. Si no fuera por su descubrimiento accidental, los de arriba seguirían en la inopia. ¿Con qué derecho la tratas como a una criminal?

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