¿Todavía quería la custodia de Ulises?
Nerea no supo qué responder.
¿Estaba enojada?
Sí.
Pero un hijo es un pedazo del alma de su madre. No podía cortarlo de su vida con la misma determinación con la que podía cortar a Cristian.
Al fin y al cabo, era el niño que llevó en su vientre nueve meses y que esperó con tanta ilusión.
Emilia sabía que no podía soltarlo tan fácil y que no tomaría una decisión en ese momento. Le dio unas palmaditas comprensivas en el hombro.
—Venga, no pensemos en esas cosas feas. ¡A disfrutar el momento y que el mundo ruede!
Por otro lado, en la Mansión Vega.
La casa estaba oscura y fría. Cristian frunció levemente el ceño; por muy tarde que fuera, Nerea siempre le dejaba una luz encendida.
¿Estaba enojada?
Cristian no le dio importancia. Subió las escaleras con Ulises en brazos.
Ulises se apoyó en el hombro de Cristian.
—Papá, ¿mamá ya se durmió? ¿Quién me va a bañar entonces?
Debido a la condición especial de Ulises, Nerea no se sentía segura dejándolo bañarse solo. Planeaba esperar un año más para dejarlo hacerlo independientemente.
Cristian le dio unas palmaditas en la cabeza.
—Papá te baña. Ve a quitarte la ropa.
La verdad era que, antes de que Ulises cumpliera cuatro años, Nerea se había encargado de él prácticamente sola.
A Cristian le molestaban los lloriqueos de los niños y, además, esos años fueron cruciales para el crecimiento de la empresa. Estaba muy ocupado y casi no le prestaba atención a su hijo.
No fue hasta que Ulises cumplió cuatro que, tras un regaño de la anciana matriarca, Cristian empezó a dedicarle tiempo.
Después de bañarlo, secarle el pelo y ponerle crema, Cristian le dio un beso en la frente.
—Buenas noches.
Ulises le agarró la manga y lo miró con ojos de cachorro.
—Papá, no me has leído el cuento.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio