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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 538

Al fin y al cabo, ambos tenían experiencia teórica y práctica en eso de cuidar seres vivos.

Leonardo le llenó el vaso de jugo.

—No te mates trabajando, come a tus horas. Si cuando regrese veo que has bajado de peso, la abuela seguro me va a regañar.

—¿Por qué te regañaría a ti?

—El amor engorda. Si adelgazas, la abuela pensará que yo, como tu novio, no lo estoy haciendo bien y no te estoy dando suficiente cariño.

Al decir esto, Leonardo frunció el ceño, recordando algo.

—Cuando te infectaste con el virus, no me dijiste nada. Nere, habíamos quedado en que nos comunicaríamos las cosas con tiempo.

Nerea estaba a punto de disculparse cuando recordó algo de golpe.

—¿Tú tampoco me dijiste, verdad?

Leonardo se quedó atónito un momento y explicó:

—Tenía miedo de que te preocuparas.

—Yo también.

Leonardo tomó la mano de Nerea y sostuvo su palma.

—Entonces que no vuelva a pasar. Hay que contarnos todo de inmediato, sea bueno o malo, triste o alegre. ¿De acuerdo?

—Y yo también —Nicolás no estaba dispuesto a ser ignorado y tomó la otra mano de Nerea—.

—Nere, como amigo no debes ocultarme nada, también tienes que decirme. Los amigos deben estar ahí para lo que sea, ¿cierto?

Leonardo entrecerró los ojos y le dio un golpe con el mango de los cubiertos.

—¡Suéltala!

Nicolás la agarró con más fuerza.

—No la suelto, tomarse de la mano entre amigos es muy normal.

Pero Nerea sabía que no eran simplemente amigos.

Ella consideraba a Ender un amigo puro, pero Nicolás claramente tenía otras intenciones y se acercaba bajo la bandera de la amistad.

No podía fingir que no lo sabía y permitírselo.

Nerea retiró su mano.

—Tranquilos, si necesito ayuda, seguro los busco a ustedes primero. No soy tonta, ¿verdad?

Después de comer, llevaron a Nerea de vuelta a la empresa. Leonardo y Nicolás condujeron hacia la base; era hora de partir hacia San Robledo.

***

De vuelta en la empresa, llegó gente del hospital psiquiátrico; venían por Lucía.

Lucía, Clara y otros habían sido llevados al laboratorio anteriormente para ensayos clínicos de medicamentos.

Ahora que el fármaco estaba en el mercado, debían ir a donde pertenecían.

Lucía se había vuelto loca.

No por probar las medicinas, sino que enloqueció del susto cuando Isabel la encerró en el sótano.

Así que, aunque le inyectaron el antídoto, seguía demente.

Después de todo, el antídoto no curaba la locura.

Lucía sería enviada al manicomio, el mismo donde había estado antes.

El médico que vino a recogerla era el mismo de antes.

Después de tantas vueltas, Lucía seguía siendo su paciente.

Al ver al médico, Lucía gritó aterrorizada, cubriéndose la cabeza y corriendo de un lado a otro.

Capítulo 538 1

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