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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 570

Al escuchar a Nerea decir que no había respondido aún, continuó:

—Ni siquiera he contestado todavía. Valentina, ¿acaso eres adivina para saber que voy a reemplazarte en la cena? ¿En tu mente soy una hermana malvada que viene a robarte tus oportunidades?

Nerea no le dio oportunidad a Valentina de replicar o justificarse.

Se giró hacia Felipe y dijo:

—Lo siento, señor Felipe, no puedo aceptar. Ya que se decidió que fuera Valentina, que vaya ella. No quiero cargar con la fama de quitarle su lugar a Nerea.

—Además, no me faltan oportunidades para moverme en este ambiente, así que dejen que Valentina aproveche esta ocasión.

Nerea habló con calma y sin dejar espacio para malentendidos.

Al oírla, varios se sintieron avergonzados por haber pensado mal de ella.

Al día siguiente, Nerea fue al cumpleaños de la abuela Cabrera.

En la recepción de un restaurante tradicional de Puerto Rosales.

Cuando Nerea llegó, se dio cuenta de que no encontraba la invitación. No sabía si se le había caído en el coche o si la había olvidado.

Sin invitación no se podía entrar al salón del banquete.

Nerea llamó al chofer, quien le dijo que estaba en el auto y que se la traería de inmediato.

Colgó el teléfono y escuchó que alguien la llamaba.

Al voltear, vio a Valentina y a Doña Belén.

Nerea se enteró entonces de que la «cena» de la que hablaban era la fiesta de cumpleaños de la matriarca de los Cabrera.

Valentina abrió sus ojos inocentes y exclamó con sorpresa:

—Nerea, de verdad eres tú. ¿No dijiste que no vendrías? ¿Entonces qué haces aquí siguiéndonos a escondidas? Y vestida tan... sencilla.

La burla y el resentimiento cruzaron fugazmente por los ojos de Valentina.

Luego, explicó con una falsa amabilidad:

—Y otra cosa, Nerea, aquí no se puede entrar sin invitación, ¿no lo sabías?

Por el tono, casi parecía que le estaba diciendo: «Ni eso sabes, provinciana».

Nerea sonrió y dijo:

—Valentina, te estás armando una película tú sola; mejor bájale dos rayitas.

Valentina entendió perfectamente que Nerea le estaba diciendo que estaba mal de la cabeza.

Pero ella había visto cómo el personal detenía a Nerea.

Casi todos conocían a Doña Belén.

Al verse, los saludos eran inevitables.

Doña Belén no quería estar parada junto a Nerea, que vestía ropa de diario y no tenía invitación. Era vergonzoso.

Doña Belén susurró con desprecio:

—Regresa a la casa, este no es lugar para ti.

Nerea soltó una carcajada.

—¿Por qué no puedo venir? ¿Acaso eres la anfitriona hoy para correr a los invitados?

—¿Qué clase de invitada eres tú? ¿Tienes invitación? Anoche Valentina te ofreció venir y te hiciste la digna para ganar simpatía. Y ahora te vienes a colar a escondidas. Te aviso que no dejaré que Valentina te ceda su invitación.

—Dije que tengo invitación, ¿estás sorda? Qué difícil es hablar contigo. —Nerea empezaba a molestarse.

—Todavía te atreves a contestar. Nerea, ¿cómo puedes ser así? ¿Viniste hoy a propósito para avergonzar a la Familia Galarza?

Doña Belén apretó los dientes, y sus ojos turbios recorrieron a Nerea con desagrado de arriba abajo.

—Mírate, ¿qué traes puesto? Si a ti no te da vergüenza, a mí sí.

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