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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 572

Valentina se hizo la mustia:

—Nerea, mi abuela solo estaba pensando en el bien de la familia Encinas, no lo hizo con mala intención. No te enojes. Estas cosas se pueden hablar. Si de verdad quieres entrar, te doy mi invitación.

Valentina estiró la mano para tocar a Nerea, pero ella la esquivó con rapidez y le lanzó una mirada fría.

—Mi apellido es Galarza, no Encinas. No soy parte de su familia y no voy a dejar en vergüenza a los Encinas. Quédate con tu invitación; ya te lo dije anoche, no te la voy a quitar.

Dicho esto, sacó su celular y llamó a Nicolás.

—Perdón, alguien rompió mi invitación, ¿podrías salir a la entrada por mí?

Nerea hizo la llamada delante de ellas sin inmutarse. Al colgar, las miró y dijo:

—¿Escucharon? No necesito sus cosas. Tengo mi propia entrada y Nicolás vendrá por mí en un momento. Pueden quedarse ahí y abrir bien los ojos.

Se apartó a un lado para esperar a Nicolás. No quería cruzar ni media palabra más con la abuela Encinas. Jamás había conocido a una señora tan desagradable.

En ese momento, llegaron Ignacio Zamora y su esposa, acompañados de Diego. Saludaron primero a la abuela Encinas.

Valentina sonrió dulcemente:

—Buenas tardes, señores. Hola, Diego.

Gracias a las conexiones de Enzo, la familia Zamora no solo tenía éxito en Valparaíso, sino que también se movía muy bien en Puerto Rosales. El círculo social era pequeño y todos se conocían. Además, Ignacio tenía tratos comerciales con Felipe Encinas.

Los esposos Zamora asintieron con cortesía y, tras un breve saludo protocolario, se dirigieron directamente hacia Nerea. Después de un abrazo afectuoso, la señora Zamora preguntó con curiosidad:

—¿Por qué estás aquí afuera? ¿No vas a entrar?

Nerea sonrió levemente.

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