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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 613

Desde el principio, a la señora Encinas solo le importaba el bienestar de la familia, no Ulises. Si Ulises fuera un niño cualquiera, y su padre no fuera el hombre más rico, ella ni siquiera lo miraría.

—Hay otra cosa, Álvaro. ¿Has pensado en tu padre? Su salud apenas mejora. Si interrumpen el tratamiento, tu padre...

A la señora Encinas se le llenaron los ojos de lágrimas y se le quebró la voz.

Ulises frunció el ceño.

—Ya lo dije: que siga con su medicación para mantener el estado actual. Esperen a que regrese, no es grave. Abuela, ¿estás sorda o tienes amnesia? Si es amnesia patológica, podría ser el inicio de demencia senil. Te sugiero que vayas al hospital a checarte.

—Pero tu bisabuelo ya es muy mayor, no puede esperar. Ulises, eres un niño, no vas a ayudar en nada allá. Y es peligroso, si saben que eres hijo de Nerea, podrían secuestrarte a ti también.

La anciana puso cara seria, intentando asustarlo.

Pero Ulises ya no era el mismo de antes.

—No intentes asustarme. Voy a ir de todos modos.

Después de convivir esos días, la señora Encinas sabía que el niño tenía un carácter firme. Así que miró a Álvaro.

—Álvaro, ¿no te preocupa tu nieto ni un poco?

—¡Mamá! —Álvaro entendía perfectamente las intenciones de su madre—. Ulises ya dejó instrucciones, solo síganlas.

Álvaro y Ulises subieron al avión privado rumbo a Estados Unidos.

***

En una prisión de Puerto San Martín, Lucas fue escoltado hacia la salida.

Al ver a Nicolás esperando afuera, Lucas arqueó una ceja, sorprendido.

—Esperaba a Nerea, no a ti.

Después de todo, en México, su única "amistad" era Nerea.

Nicolás, con un cigarro entre los labios, lo miró de reojo.

—Sube.

—¿A dónde?

Mientras tanto, en la Casa Blanca.

El presidente Gury preguntó con tono sombrío:

—Los militares mexicanos ya vienen en camino. ¿Aún no los encuentran?

—Lo siento, señor Presidente. Escaparon hacia una zona selvática en las montañas del este. Una vez dentro, rastrearlos es muy difícil.

—Aunque ese tal Leonardo sea militar y tenga buena condición, lleva a una mujer con él. ¿Cómo es posible que escapen de nuestro rastreo? ¿Acaso mis soldados son unos inútiles?

—Señor Presidente, Nerea nos engañó a todos. Su condición física es impresionante, no le pide nada a la de un hombre.

Habían analizado el video del vehículo. Nerea y Leonardo recibieron una dosis alta de sedante, pero diez minutos después, a Nerea le temblaron las pestañas; estaba despierta. Gracias a los fármacos que usó contra el virus zombi, había desarrollado resistencia a muchas sustancias. El gas no le hizo efecto, pero fingió estar desmayada esperando a que Leonardo despertara.

Cuando el auto entró en la zona montañosa, cerca del laboratorio, Leonardo despertó. Se miraron, atacaron al unísono y neutralizaron a los cuatro guardias en segundos, rompiéndoles el cuello. Tomaron las armas y se enfrentaron a los cuarenta hombres de los otros vehículos antes de huir hacia la selva.

Con la condición física que tenían, avanzar por la selva no les resultó tan difícil.

—Señor Presidente, sospecho que México desarrolló con éxito el suero que buscábamos durante la epidemia zombi. La velocidad y fuerza de esos dos son la prueba. ¡Nerea siempre nos hizo creer que era una simple académica!

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