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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 616

No solo eso, sino que también aprovechó para fabricar algunas herramientas.

Mientras las hacía, calculaba mentalmente el tiempo.

Cuando llegó el momento previsto, gritó:

—Nere, vámonos.

Nerea, sujetando dos brotes de bambú ya limpios, preguntó:

—¿Esta vez no haremos trampas?

—No —respondió Leonardo.

***

Dos horas después, los soldados estadounidenses llegaron al bosque de bambú.

Había rastros de destrucción por todas partes.

El grupo estaba desconcertado y nervioso. Por un momento, no lograban distinguir dónde estaban las trampas.

¿Sería en los lugares que no habían sido pisados ni alterados?

¿O tal vez bajo esos montones de hojas frescas de bambú?

Ya habían sufrido demasiadas bajas anteriormente, así que no se atrevían a avanzar a la ligera.

Les tomó media hora cruzar el bosque, avanzando con cautela y en estado de alerta máxima. Cuando finalmente salieron, no podían creerlo.

«¿Sin trampas?», pensaron todos.

«¿De verdad no había ninguna trampa?».

¿Se les había pasado algo por alto?

No, era que el enemigo era demasiado astuto.

Al darse cuenta de que les habían tomado el pelo, la furia se apoderó de ellos y corrieron hacia adelante para perseguirlos. Pero apenas avanzaron unas decenas de metros...

¡Alguien pisó una trampa!

***

El sonido del agua corriendo se hizo presente.

Ambos intercambiaron una mirada y corrieron hasta llegar a la orilla de un gran río.

Leonardo descolgó un cilindro de bambú y se lo pasó a Nerea.

—Nere, llena esto de agua. Yo voy a buscar a ver si encuentro un pedernal.

Leonardo observó el terreno con atención y, para su suerte, encontró uno.

¡Qué buena fortuna!

Eso significaba que podían hacer fuego.

El cielo estaba a punto de oscurecerse.

Por la noche, la luz en la densa selva virgen era escasa y el entorno se volvía complejo. Para sus perseguidores, la dificultad de rastrearlos se duplicaría.

Leonardo planeaba no descansar esa noche y seguir avanzando.

Debían aprovechar la oscuridad para ampliar la distancia y perderlos de vista definitivamente.

Una vez que se deshicieran de los rastreadores, podrían descansar adecuadamente.

Pero para caminar toda la noche, necesitaban comer y beber bien para asegurar sus fuerzas.

Por eso, Leonardo decidió hacer una fogata y cocinar junto al río.

Afortunadamente tenían el pedernal.

Antes, al pasar junto a un pino centenario, Leonardo había recolectado resina.

Con el pedernal y la resina, encender el fuego fue muy rápido.

Una vez lista la fogata, Nerea se encargó de hervir agua y cocer los brotes.

Además, buscó cerca algunas hierbas comestibles y preparó una olla de caldo de quelites.

Mientras tanto, Leonardo usó las herramientas de bambú que había fabricado para pescar tres peces.

En otras circunstancias, él mismo los habría limpiado, pero ahora el tiempo era vida.

Sabía que Nerea sabía cocinar, así que preguntó:

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