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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 628

Leonardo preparó diez varas para flechas. Al terminar, sacó el tendón de jabalí que había dejado remojando en agua con ceniza.

Nerea preguntó con curiosidad:

—¿Por qué lo remojas en agua con ceniza?

—Para ablandar las fibras.

Después de limpiarlo, Leonardo echó el tendón en agua tibia para hervirlo. Cuando se ablandó hasta cierto punto, lo sacó y lo escurrió.

Extendió el tendón de jabalí escurrido sobre la mesa de piedra y comenzó a golpearlo suavemente con un palo de madera; este proceso requería al menos varios cientos de golpes.

Nerea, al otro lado de la hoguera, observaba a Leonardo repetir el mismo movimiento incansablemente. Desde su ángulo, podía ver perfectamente el perfil de Leonardo, firme y concentrado. Y con cada golpe que daba, sus músculos se tensaban, viéndose cada vez más definidos... y sexis.

¿Sexis?

Nerea se sorprendió de sus propios pensamientos. Se humedeció los labios, sintiendo de repente la boca seca. Supuso que había comido demasiada carne asada.

Agarró el jugo de capulín y bebió un trago. Pero su mirada se desviaba involuntariamente hacia el torso desnudo de Leonardo. En el fondo de su corazón surgió un anhelo inexplicable. Deseaba tocar, deseaba acariciar.

Nerea pensó que, como llevaba mucho tiempo sin estar con un hombre, se había vuelto loca. Por eso, al ver el cuerpo masculino, no podía controlarse y se sentía tan necesitada.

Decidió que, en cuanto regresaran, contrataría a varios modelos masculinos. Tenían que ser tan guapos como Leonardo y con un cuerpo que no tuviera nada que envidiarle.

Con ese pensamiento, la mirada de Nerea sobre Leonardo se volvió cada vez menos inocente, como si ya lo hubiera recorrido entero con las manos.

Leonardo había notado la mirada de Nerea hacía rato; sentirse observado lo ponía caliente y nervioso. Al mismo tiempo, no podía evitar preocuparse.

¿Se veía bien golpeando el tendón? ¿Estaba sentado en una buena postura? ¿Se le hacía alguna lonja al estar sentado? ¿Su perfil izquierdo era mejor que el derecho?

Leonardo mantuvo la espalda recta, respiró hondo y, sin darse cuenta, golpeó el tendón cientos de veces. Siguió hasta que las fibras se soltaron.

Dejó el palo de madera mecánicamente y, con movimientos algo más torpes de lo habitual, separó las fibras del tendón y las puso en un lugar ventilado para que se secaran a la sombra.

Cuando terminó todo eso, ya era casi hora de dormir. Y Nerea seguía mirándolo.

Leonardo respiró profundo y preguntó con voz ronca:

—Nere, ¿ya se te secó el pelo?

Nerea volvió en sí, desvió la mirada avergonzada y dijo secamente:

—Ya.

—Entonces, ¿descansamos?

—Sí.

Nerea reprimió la agitación en su corazón, volteó su ropa para que se secara del otro lado y echó más leña al fuego. Ella durmió en el lado interior de la cama y Leonardo en el exterior.

Ambos yacían rígidos boca arriba, se dieron las buenas noches y cerraron los ojos.

Capítulo 628 1

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