Casi se le olvidaba que Cristian se dedicaba a la Inteligencia Artificial.
Era uno de los hackers más cabrones y famosos de la Dark Web.
La gente de Brill le dio el aviso y colgó el teléfono de inmediato.
Lucas volteó a ver al doctor que estaba vendando a Nerea:
—¿Cuánto te falta?
El médico se secó el sudor de la frente, sintiendo muchísima presión.
—Ya casi, ya casi, unos diez minutos máximo.
Lucas frunció el ceño.
—¿Por qué te tardas tanto?
El doctor se defendió, sintiéndose ofendido:
—¿No fue usted el que me pidió que lo hiciera con cuidado, jefe?
Lucas apretó los dientes.
—Te dije que tuvieras cuidado, no que fueras una tortuga.
Si no fuera porque ese doctor era el mejor de toda la finca, con esa eficiencia de porquería ya lo habría mandado a saludar a San Pedro hace mucho tiempo.
—Si lo hago con cuidado, me tardo más. ¡Si me apuro, en cinco minutos termino!
—Ya déjalo, termínale de vendar bien. —Lucas hizo un gesto con la mano, se acomodó la ropa y se puso de pie.
Le marcó a Agustín para ordenarle que preparara la evacuación de inmediato.
Después de avisarle a Agustín, Lucas llamó a su subordinado, Augusto Cordero.
—¿Dónde andas? —preguntó Lucas.
Augusto le dio una dirección. Era el mismo lugar que Lucas le había dado a Cristian.
Rosana le había ordenado que llevara a su gente, que se prepararan y, en cuanto Cristian apareciera, lo mataran.
—Solo deja el regalo ahí, ya no hace falta que se queden a vigilar. Váyanse de ahí ahorita mismo con todos los muchachos.
Si Cristian ya sabía quién era él y se había dado cuenta de que le tendieron una trampa...
¿Iba a presentarse muy obediente y sin ninguna precaución en la dirección que le dio?
Obviamente no.
Cristian no tenía un pelo de tonto.
Después de darle la orden a Augusto, Lucas se dio la vuelta para ver a Nerea.
El médico justo estaba terminando de vendarle la herida.
Lucas se guardó el celular en la bolsa, se acercó a ella, la cargó en brazos y salió caminando a paso rápido.
El doctor fue tras él.
—¡Jefe, tenga cuidado o se le van a abrir las heridas!
Como ya sabían que Lucas quería matarlo, Cristian y su gente se trasladaron a la embajada.
Ese edificio era, por el momento, el lugar más seguro en todo el país.
Las instalaciones estaban divididas en el área de oficinas y la zona residencial, donde había edificios de departamentos exclusivos para el personal.
Cristian y los demás se estaban quedando temporalmente en uno de ellos.
Esto también les permitía enterarse de primera mano de cualquier actualización.
Al enterarse de que el operativo había fracasado y que las tropas regresaron con las manos vacías...
Nadie se sorprendió, pues era algo que ya se esperaban.
Afortunadamente, justo después de que Cristian y su equipo descubrieran la ubicación exacta de Lucas...
No le avisaron inmediatamente a la policía de Estados Unidos; primero mandaron a su propia gente disfrazada para que estuvieran vigilando.
Si el operativo salía bien, todos estarían contentos.
Pero si la información se filtraba y Lucas se daba a la fuga...
Por lo menos no se quedarían a ciegas ni le perderían el rastro.
Después de todo, si dejaban que Lucas se les escapara esta vez, atraparlo en el futuro iba a estar casi imposible.
El comandante a cargo del operativo, el señor Buenaventura, contestó una llamada.
—De acuerdo, sigan vigilando. No levanten sospechas, quédense a la espera de instrucciones.

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