—¡Excelente trabajo! —exclamó el señor Buenaventura, emocionado.
En la pantalla principal que tenían enfrente, aparecieron varios cuadros pequeños con transmisiones de video en vivo.
Eran las cámaras de seguridad que mostraban todo lo que pasaba tanto adentro como afuera de la mansión.
Habían hackeado el sistema de vigilancia sin levantar ninguna sospecha.
—¡Hay que buscar a mi mamá! Ojalá esté bien.
Ulises empezó a teclear con desesperación, frunciendo el ceño por la preocupación, y su expresión se fue volviendo cada vez más tensa.
Revisó cada rincón que cubrían las cámaras.
El comedor, la sala, la cocina, el sótano, el consultorio, la cochera, el patio exterior...
Y en ninguno aparecía su mamá.
Lo que sí encontró fue la ubicación de Lucas.
Sin dudarlo, hizo grande ese recuadro.
En la imagen...
...se veía a Lucas abriendo una puerta y entrando a un cuarto.
¡El problema era que adentro de esa recámara no había cámaras!
Ulises sentía que se lo comía la ansiedad.
—¿Creen que mi mamá esté ahí?
—Ahorita lo checamos —dijo Cristian, volteando a ver al señor Buenaventura—. Avíseles que metan los drones espías. Ya desactivé los sensores de movimiento.
El señor Buenaventura asintió y de inmediato le pasó el reporte a los agentes que vigilaban afuera de la propiedad.
Rápidamente, varios drones del tamaño de un granito de arroz, con aspecto de mosquitos negros, empezaron a zumbar amparados por la oscuridad de la noche.
Lograron colarse en la mansión sin disparar ni una sola alarma.
Los agentes dirigieron uno de los insectos robóticos directamente a la recámara donde había entrado Lucas.
Los demás se esparcieron por otros cuartos, como el despacho.
El dron que entró a la recámara de Lucas aterrizó en el marco negro de un cuadro, camuflándose a la perfección.
Enseguida, la imagen del interior se transmitió a la pantalla de Cristian y su equipo.
¡Nerea sí estaba ahí!
Al verla acostada en la cama con los ojos cerrados...
—¡Mamá! —Ulises saltó de la silla por la emoción, pero esta fue reemplazada al instante por una angustia terrible.
Su mamá se veía exageradamente pálida y decaída.

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