Álvaro estaba temblando de coraje, pero ¿qué podía hacer?
Solo le quedaba irse.
No se atrevía a seguir mirando.
Le aterraba la idea de ver a Lucas comportándose como un reverendo animal.
Con ese simple vistazo que echó, ya tenía ganas de meterse por la pantalla, agarrarlo del cuello y ponerle una madriza.
¡Pinche enfermo, cabrón!
Cualquiera con dos dedos de frente se daría cuenta de que Nerea estaba malherida.
Estaba pálida, débil e inconsciente.
¡Y aun así era capaz de aprovecharse de ella en ese estado!
De solo pensarlo, sentía que le faltaba el aire.
Antes de irse, no se olvidó de Ulises.
A fin de cuentas, Ulises solo era un niño.
Le agarró la mano.
—Ulises, vámonos. Acompáñame a checar las otras cámaras.
Pero Ulises apretó los puños; tenía los ojos inyectados en sangre y las lágrimas a punto de desbordarse.
Se quedó plantado ahí, terco y furioso. No quería moverse.
—Ándale, Ulises, vámonos —lo consoló Álvaro con la voz ronca y los ojos llorosos.
Ulises sentía que iba a explotar del coraje.
—¡Lo voy a matar! —gruñó entre dientes.
—Sí, sí, ahorita vamos a buscar a los guardias para que hagan a ese cabrón un colador. Ándale, vamos, hazme caso —le rogó Álvaro, sintiendo cómo se le humedecían los ojos.
—¡Lo voy a matar! ¡Lo voy a matar! —empezó a sollozar Ulises, con la mirada clavada en la pantalla.
Aunque ya habían apagado el monitor, él seguía mirándolo fijamente, como si quisiera atravesar a Lucas con la mirada a través del cristal oscuro.
—Yo sé, yo también quiero hacerlo, pero vámonos ya —la voz de Álvaro temblaba, llena de dolor, impotencia y rabia.
Fue entonces cuando Cristian por fin rompió el silencio.
—Ulises, hazle caso a tu abuelo y vete con él.
—¡Papá! —Las lágrimas de Ulises escurrieron por sus mejillas sin control y rompió en llanto.
Por muy maduro que pareciera normalmente, no dejaba de ser un niño.
Su mamá lo era todo para él.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio