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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 676

Álvaro estaba temblando de coraje, pero ¿qué podía hacer?

Solo le quedaba irse.

No se atrevía a seguir mirando.

Le aterraba la idea de ver a Lucas comportándose como un reverendo animal.

Con ese simple vistazo que echó, ya tenía ganas de meterse por la pantalla, agarrarlo del cuello y ponerle una madriza.

¡Pinche enfermo, cabrón!

Cualquiera con dos dedos de frente se daría cuenta de que Nerea estaba malherida.

Estaba pálida, débil e inconsciente.

¡Y aun así era capaz de aprovecharse de ella en ese estado!

De solo pensarlo, sentía que le faltaba el aire.

Antes de irse, no se olvidó de Ulises.

A fin de cuentas, Ulises solo era un niño.

Le agarró la mano.

—Ulises, vámonos. Acompáñame a checar las otras cámaras.

Pero Ulises apretó los puños; tenía los ojos inyectados en sangre y las lágrimas a punto de desbordarse.

Se quedó plantado ahí, terco y furioso. No quería moverse.

—Ándale, Ulises, vámonos —lo consoló Álvaro con la voz ronca y los ojos llorosos.

Ulises sentía que iba a explotar del coraje.

—¡Lo voy a matar! —gruñó entre dientes.

—Sí, sí, ahorita vamos a buscar a los guardias para que hagan a ese cabrón un colador. Ándale, vamos, hazme caso —le rogó Álvaro, sintiendo cómo se le humedecían los ojos.

—¡Lo voy a matar! ¡Lo voy a matar! —empezó a sollozar Ulises, con la mirada clavada en la pantalla.

Aunque ya habían apagado el monitor, él seguía mirándolo fijamente, como si quisiera atravesar a Lucas con la mirada a través del cristal oscuro.

—Yo sé, yo también quiero hacerlo, pero vámonos ya —la voz de Álvaro temblaba, llena de dolor, impotencia y rabia.

Fue entonces cuando Cristian por fin rompió el silencio.

—Ulises, hazle caso a tu abuelo y vete con él.

—¡Papá! —Las lágrimas de Ulises escurrieron por sus mejillas sin control y rompió en llanto.

Por muy maduro que pareciera normalmente, no dejaba de ser un niño.

Su mamá lo era todo para él.

Álvaro era su padre y Ulises, su hijo.

Aunque Cristian ahora era solo su ex, al menos habían estado casados.

Si Lucas no hacía nada, qué bueno.

Pero si se atrevía a cruzar la línea, al menos Cristian podría procesarlo sin que la situación fuera tan incómoda para la familia.

Sentado en su silla de ruedas, dejó pasar un largo rato antes de levantar la mano y volver a encender la pantalla.

En el fondo, él también estaba furioso y aterrado.

Por eso, al momento de activar el video, cerró los ojos.

Tenía miedo de ver algo que le destrozara el alma.

Decidió solo escuchar.

Por suerte, no escuchó los ruidos que tanto temía.

El corazón, que le latía a mil por hora, empezó a calmarse poco a poco.

Abrió los ojos.

En la pantalla...

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