En la pantalla...
Lucas estiró la mano y le picó la mejilla a Nerea.
—Ya no te hagas, Nerea. Sé que estás despierta.
Pero esta vez Nerea sí estaba inconsciente de verdad.
Por muy resistente que fuera, nadie aguantaba tantas descargas eléctricas seguidas.
Al ver que no reaccionaba, Lucas levantó una ceja.
—Nerea, si sigues haciéndote la dormida, ¡te voy a besar!
Al escuchar eso, Cristian apretó los descansabrazos de la silla con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
En la habitación solo se escuchaba su respiración agitada y furiosa.
—¡Lucas! ¡Ni se te ocurra! —rugió en voz baja.
En el video, Lucas acercaba la cara a la de Nerea poco a poco.
Con cada centímetro que avanzaba, la respiración de Cristian se volvía más pesada; tenía los ojos inyectados en sangre clavados en la pantalla.
Parecía una fiera a punto de saltar sobre su presa.
Mientras Lucas se inclinaba, vigilaba a Nerea de reojo con disimulo, por si a ella se le ocurría soltarle un golpe de la nada.
—Si no despiertas, te beso, ¿eh?
Pero, de repente y sin previo aviso, Nerea empezó a llorar.
Sus sollozos eran desgarradores.
A Lucas lo tomó por sorpresa y se quedó pasmado.
Al verla llorar con tanta tristeza, con la cara empapada en lágrimas, chasqueó la lengua.
—¡Ay, Nerea!
Agarró un pañuelo y le limpió la cara con brusquedad.
—¿De qué lloras? Ni siquiera te he besado. Te dije que ya no fingieras.
Mientras le tallaba las lágrimas, maldecía por dentro.
Antes, cuando veía a una mujer llorar, solo le daba asco; le parecían unas inútiles.
Pero ver llorar a Nerea... ¡puta madre!, sentía que el corazón le daba un vuelco.
—Ya no llores, Nerea. ¿Sigues fingiendo? ¡A la otra sí te beso, a ver si así entiendes!
Él creía que estaba despierta.
Pero en realidad seguía inconsciente, con los ojos cerrados y el ceño fruncido del dolor.
Estaba soñando.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio