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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 677

En la pantalla...

Lucas estiró la mano y le picó la mejilla a Nerea.

—Ya no te hagas, Nerea. Sé que estás despierta.

Pero esta vez Nerea sí estaba inconsciente de verdad.

Por muy resistente que fuera, nadie aguantaba tantas descargas eléctricas seguidas.

Al ver que no reaccionaba, Lucas levantó una ceja.

—Nerea, si sigues haciéndote la dormida, ¡te voy a besar!

Al escuchar eso, Cristian apretó los descansabrazos de la silla con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

En la habitación solo se escuchaba su respiración agitada y furiosa.

—¡Lucas! ¡Ni se te ocurra! —rugió en voz baja.

En el video, Lucas acercaba la cara a la de Nerea poco a poco.

Con cada centímetro que avanzaba, la respiración de Cristian se volvía más pesada; tenía los ojos inyectados en sangre clavados en la pantalla.

Parecía una fiera a punto de saltar sobre su presa.

Mientras Lucas se inclinaba, vigilaba a Nerea de reojo con disimulo, por si a ella se le ocurría soltarle un golpe de la nada.

—Si no despiertas, te beso, ¿eh?

Pero, de repente y sin previo aviso, Nerea empezó a llorar.

Sus sollozos eran desgarradores.

A Lucas lo tomó por sorpresa y se quedó pasmado.

Al verla llorar con tanta tristeza, con la cara empapada en lágrimas, chasqueó la lengua.

—¡Ay, Nerea!

Agarró un pañuelo y le limpió la cara con brusquedad.

—¿De qué lloras? Ni siquiera te he besado. Te dije que ya no fingieras.

Mientras le tallaba las lágrimas, maldecía por dentro.

Antes, cuando veía a una mujer llorar, solo le daba asco; le parecían unas inútiles.

Pero ver llorar a Nerea... ¡puta madre!, sentía que el corazón le daba un vuelco.

—Ya no llores, Nerea. ¿Sigues fingiendo? ¡A la otra sí te beso, a ver si así entiendes!

Él creía que estaba despierta.

Pero en realidad seguía inconsciente, con los ojos cerrados y el ceño fruncido del dolor.

Estaba soñando.

—¿Patrón? —se escuchó la voz preocupada de uno de sus hombres al otro lado de la puerta.

—Todo bien —respondió Lucas con una sonrisa de satisfacción.

Nerea estaba soñando con él.

Le valía madre si lo odiaba.

Porque en su mente retorcida, el odio también era una forma de amor.

Un amor extremo.

La inteligencia emocional de Lucas estaba tan distorsionada que daba escalofríos.

Al ver la cara de sufrimiento de Nerea en la pantalla, a Cristian se le cristalizaron los ojos enrojecidos, llenos de tristeza y coraje.

Lucas se quitó los zapatos y se acostó en la cama, junto a Nerea.

Estiró el brazo y la abrazó.

—Si tantas ganas tienes de matarme, recupérate rápido.

Como Lucas también estaba malherido, se quedó dormido abrazándola.

Mientras tanto, Cristian se pasó toda la noche en vela frente al monitor.

Creía que era la primera vez que se quedaba observándola dormir con tanta atención.

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