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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 72

Apartó la mirada con indiferencia y no dijo nada.

Isabel también retiró su mirada fría, aunque por dentro no pudo evitar pensar: «Tal como dijo Fabián, esta mujer está en todos lados».

Realmente era como un chicle pegado en el zapato.

«Pero ¿acaso Cris te hace caso?»

«Entre más te le pegues, más asco le das».

Isabel se sentía triunfante. Miró a Cristian divertida, se inclinó hacia él para ver el catálogo juntos, casi pegados, dejando claro lo cercanos que eran.

—Cris, ¿qué te parece este para mi abuela?

Cristian sonrió y le dijo en voz baja: —Siempre has tenido buen gusto.

Nerea ya estaba acostumbrada a verlos juntos, así que no sintió nada. Hizo como si no los hubiera visto y bajó la cabeza para hojear el catálogo de la subasta.

Ella también quería ganar una pieza para regalársela a su abuela; una escultura de alabastro puro o una pulsera de esmeraldas imperiales serían buenas opciones.

De repente, sintió una palmada en el hombro. Nerea levantó la vista y vio a Samuel sentarse elegantemente a su lado.

—¿Qué haces aquí? ¿Te toca sentarte aquí? —¿Será que su suerte había cambiado y, al cambiar de asiento al azar, le tocó junto a un conocido?

Al segundo siguiente, Samuel respondió: —¿Cómo crees? La familia Aranda todavía no está en bancarrota.

Cuando vio a Cristian y a Isabel, ese par de descarados, sentados en la primera fila VIP bajo los reflectores, mientras Nerea estaba sola en un rincón de las filas traseras, perdida entre la multitud, decidió moverse.

Por eso cambió su lugar a propósito para acompañar a Nerea.

Samuel preguntó: —¿Qué quieres comprar?

—Esto —dijo Nerea señalando la página del Cetro Ceremonial de Marfil.

—Es del siglo XVIII, material de primera y con buen significado. Quedaría bien para tu abuela.

Nerea sonrió sin decir nada porque la subasta estaba por comenzar. La presentadora subió al escenario y, tras una introducción breve y entusiasta, presentaron el primer lote.

Nerea no tenía interés en los primeros artículos y permaneció sentada en silencio hasta que llegó el quinto lote.

El quinto artículo era el Cetro Ceremonial de Marfil.

Precio de salida: 500 mil pesos.

Tal como dijo Samuel, el Cetro era una antigüedad del siglo XVIII, bien conservado, con un tallado exquisito y material de primera. Lo más importante era su significado de buen augurio, ideal tanto para colección propia como para regalo.

Por eso, el Cetro se convirtió en uno de los artículos populares de la noche. Hubo muchas ofertas y en poco tiempo el precio subió a un millón.

Como era el regalo que Doña Ivana había elegido, Nerea levantó su paleta y ofreció un millón cincuenta mil.

Esto se iba a poner bueno.

Efectivamente, al segundo siguiente, Isabel no decepcionó: —Diez millones.

—Diez millones cincuenta mil.

Alrededor comenzó un murmullo de chisme.

—¿Sigue subiendo? ¿Y siempre de cincuenta en cincuenta? ¿Es broma?

—¿Tendrá mal el cerebro? No entiende la realidad. La otra sube de millones en millones, dejando claro que lo va a conseguir sí o sí. ¿No capta?

—Quizá ni piensa comprarlo, solo quiere medirse con la novia del magnate para hacerse famosa o llamar la atención, ya que hay muchos empresarios aquí. Si alguien se fija en ella, sería como sacarse la lotería.

Los espectadores chismeaban con mala leche sobre Nerea.

Y justo en ese momento...

—Veinte millones —Isabel volvió a subir la oferta. Se giró para mirar a Nerea en la fila trasera, con una sonrisa evidente que parecía presumir, provocar y burlarse en silencio.

O tal vez todo junto.

Quería ver si Nerea se atrevía a seguir...

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