C123- ¿PARA QUIÉN ES TU VOTO?
AL DÍA SIGUIENTE
La sala de juntas respiraba opulencia y tensión. Logan presidía desde el cabecero, impecable, con la sonrisa tranquila de quien ya ha contado los votos. Los accionistas, una mezcla de leales antiguos y nuevos oportunistas, murmuraban entre sí.
Jimena ocupaba un asiento lateral, vestida como para una victoria, pero una palidez mortal bajo su maquillaje delataba su nerviosismo.
Angelo y Aurora entraron juntos, tomados de la mano, y al instante un silencio incómodo se apoderó de la sala.
Logan los miró con una sonrisa despectiva mientras jugueteaba con su pluma de oro.
—Vaya, vaya. El heredero desposeído y su flamante esposa —dijo con voz melosa—. ¿No creen que están perdiendo el tiempo? Esta junta es para accionistas, y ustedes apenas tienen migajas.
Aurora sintió que la sangre le hervía, sus manos se crisparon, pero Angelo le apretó suavemente los dedos, percibiendo su tensión. Con una calma que contrastaba con el ambiente hostil, tomó asiento.
—Gracias por la bienvenida, Logan. Siempre tan hospitalario —respondió con una sonrisa serena—. Antes de comenzar, me gustaría presentar nueva documentación que afecta directamente la distribución accionaria.
Los murmullos se intensificaron y Logan frunció el ceño, su sonrisa vacilando por primera vez.
—Tengo aquí —continuó Angelo, sacando un sobre— un certificado de acciones al portador de Russo Enterprises que representa el 2 % de la compañía. Estas acciones pertenecían a los padres de Aurora y estaban bajo custodia de Adelina Russo. Y, como pueden ver en la documentación adjunta, estas acciones son legítimamente de Aurora Russo.
Un murmullo de genuino asombro recorrió la sala.
Logan perdió la sonrisa.
Jimena clavó sus ojos en Aurora, con una mezcla de odio virulento y perplejidad absoluta.
—Esto cambia significativamente la distribución —prosiguió Angelo, su voz ganando fuerza—. Como esposo de Aurora, ella me ha cedido sus derechos de voto, lo que significa que ahora represento el 50 % de las acciones.
Angelo recorrió con la mirada a cada uno de los socios, excluyendo deliberadamente a Jimena.
—Señoras, señores, les pido que recuerden quiénes fundaron esta empresa. Los Russo construyeron este imperio con sangre y sudor. Mi padre, Alaric Russo, dedicó su vida a esta compañía. ¿Van a permitir que un oportunista y extraño como Logan Thorne se apodere de todo?
Logan bufó, burlón.
—Conmovedoras palabras. Pero los negocios son negocios y los números no mienten. Aun con ese 50 %, no puedes pasar sobre mí.
Uno de los socios más antiguos, un hombre mayor de aspecto cansado, se aclaró la garganta.
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