C124-LEJOS DE LOGAN THORNE
—Y bien, Jimena, ¿para quién es tu voto?
La sala entera contuvo la respiración. Logan la miraba con una mezcla de amenaza y confianza. Angelo permanecía de pie, sin presionarla, pero con una intensidad en la mirada que hablaba de todo lo que estaba en juego.
Jimena se puso de pie lentamente y sus manos ya no temblaban.
—Mi voto, como representante legal de las acciones de mi hijo William Russo, es para Angelo Russo.
El impacto fue inmediato.
Angelo se tambaleó ligeramente hacia atrás, como si las palabras fueran un empujón físico, y sus ojos se abrieron con una mezcla de shock y esperanza pura. A su lado, Aurora soltó un jadeo ahogado, llevándose las manos a la boca mientras las lágrimas empezaban a nublar su vista. Logan, por su parte, se transformó; su rostro pasó de la confianza absoluta a una palidez gélida, sus ojos inyectados en una ira que luchaba por no desbordarse frente a los accionistas.
Se puso de pie de un golpe, provocando que su silla cayera hacia atrás con un estrépito que hizo saltar a varios presentes y su mirada, cargada de una promesa de aniquilación, traspasó a Jimena, quien le sostuvo el desafío un segundo más.
Ella lo hizo por venganza, por cada vez que él la trató como basura, por haber llamado "error" a su propio hijo y, sobre todo, porque sabía que si Angelo ganaba, ella tendría una mínima oportunidad de protección contra el monstruo que tenía enfrente.
El presidente de la junta carraspeó, rompiendo la tensión.
—Con este último voto, el conteo final es claro —anunció, revisando los números en la pizarra—. Angelo Russo obtiene la mayoría accionaria con un 52% contra un 50%. Por lo tanto, se declara a Angelo Russo como nuevo presidente ejecutivo de Empresas Russo, efectivo de inmediato.
Logan salió de la sala de juntas hecho un diablo.
La sala estalló en murmullos y Aurora no esperó un segundo más y se lanzó a los brazos de Angelo, rodeando su cuello con fuerza. Él la estrechó contra su pecho, enterrando el rostro en su hombro mientras soltaba un suspiro que parecía haber retenido durante años.
—Te dije que siempre habría una salida —le susurró ella al oído, besando su mejilla con desesperación alegre—. Lo lograste, mi amor.
Jimena aprovechó la conmoción para escabullirse.
Necesitaba salir de allí cuanto antes. La mirada fría de Logan no salía de su cabeza, como un presagio de lo que estaba por venir, así que caminó apresuradamente por el pasillo, sus tacones resonando contra el mármol pulido y llegó al estacionamiento subterráneo que estaba casi vacío a esa hora. Llegó a su auto y se metió dentro, sus manos temblando tanto que apenas podía sostener las llaves.
Apenas había encendido el motor cuando la puerta del copiloto se abrió de golpe y Logan se deslizó dentro con la elegancia letal de un depredador. Su rostro, normalmente atractivo, estaba deformado por una rabia apenas contenida que le heló la sangre a Jimena.
—Qué decisión tan... emotiva —habló con voz fría como el hielo.
Jimena tragó saliva, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones. Sus manos empezaron a temblar violentamente sobre el cuero del volante.


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