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¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO! romance Capítulo 154

C154-UN HOMBRE ENAMORADO

La casa estaba en silencio.

Angela dormía en su habitación y William estaba en la mansión de los Russo, pasando la noche con Alan, quien a regañadientes cuidaba de él.

Aurora salió del baño envuelta en una bata de seda y con el cabello aún húmedo. Angelo estaba en la cama, apoyado contra el cabecero, mirando el techo.

—¿Sigues pensando en Bianca?

—Sí —admitió él—. No puedo sacármela de la cabeza.

Aurora se metió en la cama y se acurrucó contra él.

—Hiciste lo correcto, amor. Estuviste ahí. La escuchaste, y a veces eso es lo único que podemos hacer.

Angelo la abrazó, respirando el aroma de su champú.

—¿Cómo puedes ser tan sabia?

—Mucha práctica con un marido terco —bromeó ella.

Angelo rió, pero la risa se transformó en algo más cuando Aurora levantó la cabeza y lo miró. Sus ojos brillaban en la luz cálida.

—¿Sabes qué necesitas? —susurró ella.

—¿Qué?

—Desconectar. Dejar de pensar en Mateo, en Bianca, en Logan, en todo. Solo... estar aquí… conmigo.

Angelo la miró largamente y luego sonrió.

—Eso suena perfecto.

Ella se inclinó y lo besó y, cuando se separaron, Angelo le acarició la mejilla.

—Te amo, Aurora. No sé qué sería de mí sin ti.

—Pues… no vas a tener que averiguarlo —susurró ella—. Porque no pienso irme a ningún lado.

La noche se perdió entre caricias, susurros y palabras de amor.

Al día siguiente, la sala era cálida, y Aurora estaba recostada, con la camiseta subida y el gel frío extendido sobre su vientre aún plano. Angelo estaba a su lado, sosteniéndole la mano con fuerza.

Al otro lado de la camilla, Angela miraba con ojos enormes, fascinada por la máquina, y William estaba junto a ella.

—¿Ya sale? —preguntó la niña, impaciente.

—Tranquila, princesa —dijo Angelo, riendo—. Todo a su tiempo.

La ecografista movió el transductor sobre el vientre de Aurora y, de repente, un sonido llenó la habitación.

Tuc-tuc. Tuc-tuc. Tuc-tuc.

Era un latido. Rápido y fuerte.

Aurora contuvo el aliento, mientras Angelo le apretó la mano con más fuerza y se contuvo para no llorar.

—¿Eso es...? —preguntó, con la voz quebrada.

—El corazón de su bebé —confirmó la ecografista, sonriendo—. Late fuerte, está perfecto.

En la pantalla apareció una imagen borrosa y pequeña.

—¡Mira, Angela! —susurró William, señalando la pantalla—. ¡Es el bebé!

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