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Mi Marido Prestado romance Capítulo 163

Por un instante, Eleonor se quedó en blanco. Sus pestañas temblaron levemente.

Esa frase, a decir verdad, no la habría sorprendido en casi ningún otro momento. Pero justo ahora, la tomó completamente desprevenida.

—Puedes tranquilizarte, no vamos a divorciarnos de verdad.

Fabián ya lo tenía todo claro desde que le prometió a Virginia. Sujetó los hombros de Eleonor y, inclinándose apenas, le habló en voz baja:

—Solo será un divorcio de mentira por un tiempo. Ni siquiera necesitamos tramitar ningún papel.

Eleonor recuperó la compostura y respondió con una voz serena:

—Si quieres divorciarte de verdad, tampoco tengo problema.

Bastaba con que fuera él quien tomara la iniciativa. Así, ella podría deshacerse por fin de ese acuerdo que tenía con Renata.

—Eso no se puede.

Fabián se apresuró a negar con firmeza. Sentía que, si llegaban a firmar esos papeles, la perdería para siempre. No estaba dispuesto a permitirlo.

Aunque, la verdad, ni siquiera sabía qué iba a hacer cuando por fin encontrara a la verdadera Nana y tuviera que explicarle todo a Eleonor.

Quizá Nana ya tendría su propia vida, incluso podría estar casada. En ese caso, él solo tendría que asegurarse de ayudarla económicamente y ponerle a alguien que la protegiera de esos criminales.

Al pensar en eso, Fabián se sorprendió sintiendo un alivio inesperado. No se detuvo a analizarlo, solo apretó con más fuerza los hombros de Eleonor, mirándola fijo a los ojos y hablando con suavidad:

—Ellie, solo te pido que me ayudes a fingir el divorcio delante de Virginia, ¿sí?

Como si temiera que ella malinterpretara, insistió con seriedad:

—Confía en mí, tengo mis razones, no me queda de otra. Mi esposa solo eres tú. Eso nunca va a cambiar.

—Siempre vas a ser tú.

Eleonor se quedó pasmada.

No era que dudara en aceptar o no. En el fondo, lo que no sabía era cómo debía elegir.

Entre él y Renata, no había ni un poco de complicidad de madre e hijo. Uno le pedía que fingiera el divorcio, y el otro le exigía aparentar que estaban más enamorados que nunca.

Fabián, al verla cabizbaja y en silencio, se empezó a poner nervioso.

—Ellie, ya, te lo estoy pidiendo casi de rodillas, ¿sí?

Con tal de que ella se sintiera tranquila, ya estaba dispuesto a suplicarle.

Eleonor alzó la cabeza de pronto, lo miró y curvó los labios en una sonrisa cansada.

Desde aquella noche en que sintió que algo raro pasaba entre ellos, había empezado a evitarlo sin darse cuenta.

Iker, como si nada, soltó una risita discreta.

—De veras tienes paciencia.

...

Pero Eleonor tenía la cabeza en otra parte. Lo único que le importaba ahora era Florencia. Acarició la cabeza de Max, le devolvió la correa a Iker y se dio vuelta para regresar a su departamento.

—¿Y ahora qué pasó?

Detrás de ella, la voz de Iker sonó seria y un poco áspera.

El cuerpo de Eleonor se tensó. Dudó si debía contarle o no.

En el fondo, solo recurriría a él si ya no le quedaba otra salida.

Pero no podía dejar de pensar en lo desesperada que debía estar Florencia. Tragó saliva y, por fin, se atrevió:

—Iker, ¿podrías ayudarme a sacar a Florencia? La están acusando de algo que no hizo, la detuvieron…

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