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Mi Marido Prestado romance Capítulo 725

Al llegar al hospital, Amanda hizo el amago de acompañar a su jefa al interior. Simona levantó la mirada.

—No es necesario. Solo ponte en contacto con Iker Rodríguez y ponlo al tanto.

Ella sabía que Petra jamás se atrevería a abrir la boca. En un juego de poder, amenazar con el punto débil del rival solo funciona para mantenerlo a raya. Si Petra llegaba a usar esa carta en su contra, estaría firmando su propia sentencia de muerte. Aun así, tratándose de Eleonor, Simona no estaba dispuesta a apostar, ni siquiera si la probabilidad de peligro era de una en un millón.

Avisarle a Iker era una medida de seguridad extra. Amanda obedeció. Simona entró sola al edificio de hospitalización.

—Viniste. —Petra estaba recostada en la cama. A primera vista, se veía genuinamente pálida y enferma—. Llegué a pensar que alguien de tu nivel no tendría puntos débiles.

—Ella es mi hermana, no un punto débil.

Para Simona, su familia era su armadura. Eran el motivo que la impulsaba a ser más implacable, más cautelosa y a no cometer el más mínimo error.

Simona jaló una silla, se sentó y cruzó sus largas y elegantes piernas. No parecía una mujer que estuviera siendo chantajeada, sino una jefa que estaba a punto de llevar a cabo una aburrida negociación más.

—Habla. Aparte de obligarme a convencer a la familia Fonseca para que te mantenga en el conglomerado, ¿qué más quieres?

Estaba segura de que si eso fuera lo único, Petra no la habría hecho ir en persona al hospital.

Petra, al ver su postura tan serena, no pudo evitar sonreír maliciosamente, lista para destruir su fachada.

—Estoy embarazada. Es de Owen. Así que este niño debe ser reconocido oficialmente por la familia Fonseca.

Ella no creía que existiera una sola mujer en la Tierra capaz de mantener la calma frente a un hijo ilegítimo.

Y, de hecho, Simona sintió una fuerte sacudida por un instante. Con razón Owen se le había acercado esa mañana para enfrentarla como un perro rabioso. Los dedos que reposaban sobre su rodilla se cerraron con fuerza, pero su voz permaneció tan helada como antes:

—Ya te lo dije por teléfono. Owen y yo estamos a punto de firmar el divorcio. Lo único que puedo hacer por ti es darte el número de la mansión de los Fonseca.

—Aparte de eso, no cuentes conmigo para nada más.

Dicho esto, se puso de pie con decisión, sin intenciones de seguir perdiendo su valioso tiempo. De inmediato, Petra saltó de la cama y le agarró el brazo.

—¡Pero tú eres la única que puede ayudarme! Owen jamás se pelearía con su familia por un bebé. Te juro que, si me ayudas a que lo reconozcan, jamás volveré a molestar a nadie.

Por supuesto, Simona no pensaba meter las narices en los dramas familiares de los Fonseca. La miró de manera tajante:

—Te dije que no hay nada que pueda hacer.

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