Entrar Via

Mi Marido Prestado romance Capítulo 174

Tampoco sentía que tuviera razones para acercarse demasiado a Alejandra.

Quizá fue por lo directa que había sido su negativa, porque, por primera vez, Alejandra, quien siempre manejaba con soltura las relaciones personales, dejó ver un gesto tenso en su rostro.

Los demás, sin darse cuenta, empezaron a mirar en su dirección.

La expresión de Alejandra se volvió más distante.

—Bueno, entonces lo dejamos para la próxima.

—Sí.

Eleonor asintió, y Alejandra se marchó rápidamente.

Apenas Eleonor estaba por entrar al laboratorio cuando escuchó, desde la zona común, una voz cargada de burla.

—Mírala, de veras se cree la gran cosa, ni a Alejandra le hace caso.

—Eso —secundó otro—. Ni siquiera se fija en el puesto de Alejandra, seguro y termina siendo la esposa del próximo director.

Ese comentario lo reconocía bien; era uno de los del grupo de medicina tradicional.

—La verdad, yo que ustedes, ni le echaría ganas. Si se atreve a ignorar hasta a la futura esposa del jefe, a saber cuándo les van a desarmar su grupito —añadió la voz, cargada de veneno.

Eleonor se detuvo en seco.

Las voces seguían.

—Miren, si en el grupo de medicina tradicional creen que todo se logra quedando bien y lamiendo botas...

Soltó de golpe la bolsa de café sobre la mesa, haciendo temblar las tazas.

—Entonces mejor váyanse de una vez, ya no tiene caso que sigan aquí.

Eran puros adultos, pero el regaño los dejó con la mirada torcida, sin saber si encogerse o hacerse los ofendidos.

Para cuando reaccionaron, Eleonor ya se había metido al laboratorio y estaba sumergida en su trabajo.

Jaime arqueó la ceja.

—¿No creen que tiene razón?

—Dejen de perder el tiempo y pónganse a trabajar. ¿No les da pena que una chava les lleve la delantera así?

...

—Ponte un abrigo, no te vayas a resfriar tú también.

Eleonor le tenía aversión a los sitios oscuros. No le gustaba nada bajar al contenedor del estacionamiento subterráneo.

Siempre prefería tirar la basura en el contenedor de la planta baja.

Afuera soplaba un viento tan helado que saliendo uno sentía que el aire te atravesaba los huesos.

Eleonor obedeció y se puso una chamarra larga, agarró las bolsas y abrió la puerta. De pronto, se quedó paralizada.

Afuera del departamento de Iker, estaba parada una mujer.

Aunque solo veía su espalda, reconoció enseguida que era Alejandra.

La vio teclear el código con toda familiaridad y entrar sin dudar al departamento. Eleonor se apresuró a cerrar la puerta de su casa, sintiendo una incomodidad extraña.

Alejandra podía entrar y salir de la casa de Iker como si fuera suya.

Una sensación amarga y desconocida le subió por la garganta, como si alguien hubiera exprimido un limón y lo hubieran dejado escurrir lentamente en su boca, bajando hasta el pecho y extendiéndose por dentro.

Incluso la punta de sus dedos sintió esa acidez, mientras esa incomodidad se apoderaba de cada rincón de su cuerpo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado