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Mi Marido Prestado romance Capítulo 175

El despacho le otorgó una semana de descanso con sueldo por enfermedad, algo que Florencia no solía permitirse. Aquella noche, por fin sin horas extra, se acomodó en el sofá y se puso a jugar videojuegos. Al escuchar el portazo de la entrada, levantó la mirada.

—¿Qué pasa?

—Nada.

Eleonor negó con la cabeza.

Florencia notó el costalito de basura en la mano de su amiga, y sin quitar la vista del juego donde acababa de lanzar un ataque, preguntó:

—¿Y esa basura? ¿No la vas a bajar?

—De repente me siento agotada… No quiero bajar ahora.

Eleonor dejó la bolsa junto al mueble de los zapatos, se quitó el abrigo acolchado y se dejó caer en el sofá, justo a un lado de Florencia.

No tenía la menor intención de encontrarse con Alejandra en ese momento. Aunque, según lo que Iker le había contado, él no sentía nada especial por Alejandra.

Pero Alejandra siempre… siempre tenía algo especial.

Eleonor abrazó la tableta y empezó a buscar algún programa divertido, deseando borrar esa sensación extraña que le daba vueltas en el pecho. Sin pensarlo demasiado, le preguntó a Florencia:

—¿Tienes planes para Año Nuevo?

—Me voy mañana, sólo me quedaré dos días.

Una sombra de incomodidad cruzó el rostro de Florencia. Cerró el juego, saltó sobre Eleonor y le rodeó el brazo.

—Oye, si tu cumpleaños fuera en estas fechas, tendría la excusa perfecta para no ir.

El cumpleaños de Eleonor caía justo un mes después.

El nueve de febrero.

Eleonor le dio unas palmaditas en la cabeza.

—No te preocupes. Si te aburres allá, regresa rápido y vienes a hacerme compañía.

...

En el departamento de enfrente, el 2202.

Iker estaba en el estudio cuando escuchó ruidos. Se levantó y fue a la sala. Desde el pasillo pudo ver que alguien más estaba en el comedor. Sus ojos se oscurecieron.

—¿Ya no entiendes lo que es tener límites?

Alejandra le lanzó una mirada pícara.

—¿Quién te manda a poner contraseñas tan fáciles de adivinar?

La clave era demasiado obvia: 0209. Alejandra nunca entendió qué significado tenía. No era la fecha de nacimiento de Iker ni ningún día especial.

Iker, sin mostrar emoción, caminó directo al recibidor, abrió la puerta y empezó a cambiar la contraseña.

—Por eso mismo te dejo irte sola, no quiero tener que pedir que te saquen.

—Iker…

Alejandra no entendía en qué había fallado. Frunció el ceño y preguntó:

—Al final de cuentas, tenemos un compromiso entre las familias. ¿Es necesario que me trates con tanta indiferencia?

Años atrás, Susana había arreglado el compromiso entre Alejandra e Iker. Ella estaba feliz, pero Iker nunca aceptó. Su única concesión fue dejarla entrar al Grupo Rodríguez; incluso el puesto de secretaria se lo tuvo que pedir a Susana.

Al principio, Iker tampoco estaba de acuerdo, pero después de algún trato con la abuela, permitió que entrara.

Iker siempre había sido muy reservado, nunca se le conocieron parejas, ni rumores, ni nada. La única mujer que se le veía cerca era Alejandra. Pero ya llevaba tres años en la empresa y él seguía tratándola igual de distante.

Tan distante que a veces ella pensaba que tal vez Iker tenía otro tipo de preferencias, o simplemente no le interesaba nadie.

Iker sacó el celular, marcando un número mientras la miraba con aire impasible.

—¿De verdad vas a seguir perdiendo el tiempo con esto?

...

Al irse, Alejandra vio que el guardia de seguridad seguía apostado abajo. Si Iker terminaba esa llamada, ella iba a salir en ridículo, escoltada por la seguridad del edificio. Tragó saliva y dijo, resignada:

—Ya entendí, me voy.

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