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Mi Marido Prestado romance Capítulo 179

Por suerte, Iker la sostenía por la cintura con una firmeza inamovible.

Ignorando todo lo demás, seguía entregado a besarla, saboreando sus labios con una intensidad que derretía cualquier resistencia. El timbre de la puerta seguía sonando, insistente. Eleonor lo empujó apenas, buscando un respiro.

—Hay alguien… —susurró, logrando liberar apenas un poco de aire.

Los ojos de Iker, llenos de deseo, se clavaban en ella. Sus manos, aún enredadas en su cintura, subieron lentamente mientras volvía a besarla.

—Que hagan lo que quieran.

Su voz, ronca y cargada de intención, le estremeció hasta los huesos.

El timbre no paraba y, al ver que nadie abría, quien estaba afuera empezó a golpear la puerta, mezclando los golpes con una voz que sonaba impaciente y confundida.

—¿Qué onda? ¿Ike se le olvidó que hoy veníamos?

—No lo creo.

La voz era inconfundible: Fabián.

El corazón de Eleonor se aceleró y los nervios la invadieron. Miró a Iker, casi rogando.

—Fabián… ellos ya llegaron…

—¿Y eso qué importa?

Iker la besó otra vez. En su rostro apareció una expresión dura, casi desafiante. Levantó el mentón de Eleonor, obligándola a mirarlo.

—¿Te aterra que él se entere de que me tienes en tus brazos?

—No es eso…

Solo se sentía avergonzada. Fabián estaba allí, tocando el timbre, y ella se encontraba en brazos de Iker. Pero a los ojos de Iker, parecía que le tenía miedo a que Fabián descubriera algo más.

Iker dio un paso adelante, envolviéndola con su cuerpo, acortando aún más la distancia.

—Dime la verdad —le soltó, con una sonrisa torcida—, ¿soy mejor besando, o es él?

Eleonor no podía creer el rumbo de la conversación.

—¿De qué hablas? Eso ni al caso… solo que…

Antes de que pudiera terminar, se escuchó el sonido del teclado de la cerradura electrónica. Alguien estaba metiendo la contraseña, tecleando rápido.

A punto de que el último número entrara, Eleonor intentó huir. Iker la atrajo de vuelta y la miró fijamente.

—Respóndeme.

Las mejillas de Eleonor ardían y el corazón parecía salirse del pecho. Se armó de valor y contestó para salir del apuro.

—Tú. Tú eres el mejor, el único.

En realidad, nunca había besado a Fabián. Ese había sido su primer beso, así que tampoco tenía con qué comparar.

Aun así, Fabián sentía curiosidad. ¿Qué clase de mujer había logrado captar la atención de Iker, al punto de que él mismo la llevara en el corazón?

Sonrió, lanzando la pregunta.

—¿Es la misma que estabas esperando en el estacionamiento?

—Sí.

Iker asintió y apenas les dirigió la palabra a los otros dos.

Entonces, casi por costumbre, se limpió la boca con los dedos. Al ver el labial en la yema de su dedo, se relamió los labios, como si no pudiera borrar la sonrisa.

Fabián, como buen amigo, notó el detalle de inmediato y soltó una broma.

—Ya te veo brindando en tu boda, ¿eh?

—Eso no lo aseguro.

Iker, con una mano en el bolsillo, les lanzó una cerveza fría a cada uno, con una mirada llena de segundas intenciones.

Octavio la atrapó, abrió la lata y le dio un trago, lanzando una carcajada.

—¿Por qué no lo aseguras? ¿A poco hay alguna chava que no quiera contigo? ¿O qué, Ike, te estás metiendo con una casada?

Justo en ese instante, Eleonor salió del baño y alcanzó a escuchar la última frase. Su mente se quedó en blanco.

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