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Mi Marido Prestado romance Capítulo 180

—¿Eh? ¿De verdad está aquí la cuñada?

Octavio y sus dos amigos se pusieron de pie al mismo tiempo y miraron hacia la puerta del baño. Al ver a Eleonor, sus rostros mostraron una pizca de decepción.

Eleonor, algo nerviosa, se apresuró a saludar a cada uno.

—Iker…

—Ellie,

Octavio la vio en la casa de Iker y ni se sorprendió.

—¿Por fin hiciste las paces con tu hermano?

Eleonor buscaba a toda velocidad una excusa para justificar su presencia, pero ante la pregunta, solo pudo asentir sin dudar.

—Sí, sí, así es.

—¿Ya llegaste, Ellie?

Era la voz de Fabián.

Eleonor volteó y vio a Fabián mirándola desde el otro lado del salón. Como la reunión era entre amigos, traía ropa relajada, aun así seguía viéndose guapo y con una presencia impecable. Virginia estaba justo a su lado.

Era la primera vez que él traía a Virginia a una reunión con sus amigos, así, sin esconderse. Parecía una especie de anuncio.

A ella no le molestaba. Ya casi tenía el acta de divorcio en sus manos.

Eleonor sonrió.

—Sí, aquí estoy. Vivo justo enfrente, vine a… ayudarle a Iki a acomodar el departamento, ¿no hay problema?

Al escucharla pronunciar “Iki”, Iker dejó escapar una leve sonrisa, casi imperceptible.

Benicio, que ya había captado lo que pasaba entre los dos, intervino para salvar la situación.

—Por supuesto que no hay problema.

—Eso, eso.

Octavio, que llevaba tiempo esperando que Eleonor e Iker arreglaran las cosas, aprovechó para preguntar, lleno de curiosidad:

—Ellie, ¿y tu cuñada? ¿Está en el cuarto? Anda, ve y dile que salga para convivir.

Eleonor miró a Iker buscando ayuda, sintiéndose tan incómoda que quería desaparecer.

No podía decirles que no había ninguna cuñada y que la mancha de labial en los labios de Iker era obra suya.

Iker captó su mirada, pero no movió ni un dedo para ayudarla. Solo la observó tranquilo, como si quisiera ver cómo explicaba su relación ante los demás.

Al ver que él no la defendía, Eleonor forzó una sonrisa y, resignada, se inventó algo.

—Ya no hay cuñada. Lo acaban de dejar.

—¿Eh?

Octavio y los otros se quedaron helados.

—¿Eh?

Octavio señaló a Iker con la barbilla.

—Mira el cinturón que trae hoy. Ni de chiste es de los que suele comprar. Se nota que fue un regalo.

—Y dime, ¿tú sabes qué tipo de relación hace que te regalen un cinturón?

Eleonor, al escucharlo, se dio cuenta de que ese cinturón era justo el que ella le había dado cuando le compensó el traje arruinado.

La sonrisa se le quedó congelada.

—¿Qué tipo de relación?

—Obvio, de pareja. —Octavio hizo un par de sonidos de burla, convencido de lo que decía—. ¿Si no, quién le anda regalando a un tipo un cinturón así porque sí?

...

Eleonor, ya incómoda, miró de reojo a Iker y lo vio divertido, sin intención de ayudarla.

Tosió para disimular.

—Ah, ya veo…

No había terminado de hablar cuando Virginia la observó con una cara entre sorprendida y traviesa, y de pronto lanzó una bomba:

—Oye, Ellie, ¿ese color de labial que traes no es igualito al que justo se le quedó marcado al señor Rodríguez? ¿No me digas que tú eres la novia del señor Rodríguez…?

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