Cuando llegó a la familia Valdés, Eleonor por fin entendió la raíz del problema.
Virginia ni siquiera había regresado para pasar las fiestas, pero Ángel sí estaba ahí, acompañando a la abuela Valdés y, para sorpresa de todos, portándose bien.
Apenas habían llegado, justo a la hora de la comida. Ni bien se sentaron cuando el mayordomo avisó que ya estaba todo listo para comer.
Todos se dirigieron al comedor para tomar asiento, pero era evidente que Renata Valdés estaba molesta.
—Vaya, apenas y vienes a pasar las fiestas y llegas justo a la hora de comer. Si uno no supiera, pensaría que tú eres la mayor aquí —soltó con tono cortante.
No hacía falta preguntar a quién iba dirigido ese “tú”.
Eleonor prefirió ignorar el comentario, pero Fabián no pudo aguantarse y le contestó con voz tranquila:
—Mamá, yo soy el que no organizó bien los tiempos. Si quieres regañar a alguien, pues regáñame a mí.
—¡Fabián! —Renata respiró hondo, intentando calmarse—. No pierdas de vista quién es tu mamá. Siempre defendiendo a los demás...
—¿Y esos “demás” de los que hablas...?
De pronto, Eleonor se rio leve y levantó la mirada.
—¿Te refieres a mí o a mi cuñada?
Si era por ella, le parecía una injusticia. Pero si hablaba de Virginia, entonces no tenía por qué lanzarle esas indirectas a ella. No tenía motivos para cargar con el enojo ajeno.
La expresión de Renata se endureció unos segundos. Apretó los dientes antes de responder:
—Fabián tiene toda la razón en atender a su cuñada. Solo está ayudando a Cristóbal a cuidar de Virginia y su hijo, ¿por qué haces tanto alboroto?
La que vivía paranoica pensando que Fabián terminaría casándose con Virginia era ella. Y ahora, por el qué dirán de la familia Valdés, ni siquiera lo aceptaba.
Eleonor sonrió levemente.
—Entonces, si él me defiende a mí, ¿no es aún más natural? ¿Por qué se enoja?
—¡Eleonor! —Renata ya sabía que ella tenía respuesta para todo, y le hervía la sangre—. Si tú...
—Ya basta.
La voz de Sofía Valdés, la abuela, cortó la discusión. Su mirada era firme cuando se volvió hacia Renata.
—Ya, no le des tantas vueltas. Si los chicos llegaron tarde, pues llegaron tarde. No hay necesidad de armar un escándalo en plena fiesta.
—Entendido, mamá.
Renata le tenía respeto a su suegra y se quedó callada de inmediato.
...
A mitad de la comida, el celular de Fabián sonó. Él se inclinó hacia Eleonor y murmuró:

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