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Mi Marido Prestado romance Capítulo 551

Después de que Eleonor se fue, Florencia se sintió extrañamente incómoda. El hombre a su lado parecía haber cambiado de actitud; caminaba en silencio hacia el estacionamiento.

Florencia se detuvo un momento.

—Mejor pido un taxi.

—Yo te llevo. —Benicio, inusualmente callado, señaló una camioneta Mercedes negra que estaba cerca—. Sube.

No parecía que lo hiciera a regañadientes.

Florencia se mordió el labio y abrió la puerta del copiloto.

—Gracias por la molestia.

Rara vez era tan formal con él, pero su actitud distante la obligaba a serlo. Benicio, como si no lo notara, solo asintió y se concentró en conducir.

Florencia no pudo aguantarse.

—¿Desde cuándo sigues los pasos de Iker?

Benicio, con una mano en el volante, soltó una risa fría.

—¿Y qué pasos debería seguir? ¿Los de Thiago Núñez?

—…

Al verlo volver a su ser, Florencia sonrió.

—Estos mismos. —Esa boca venenosa y su aire de superioridad eran los que encajaban con su papel de heredero de los Estrada.

Benicio frenó en un paso de peatones y la miró. Vio cómo sus labios se curvaban en una sonrisa y sus ojos brillaban. Sintió un vuelco en el corazón y se humedeció los labios.

—¿Serías capaz de renunciar a ser abogada por alguien o por algo?

La pregunta la tomó por sorpresa.

—¿A qué viene eso? —Aun así, se puso a pensar seriamente en la respuesta.

Benicio bajó la ventanilla, encendió un cigarro y, con voz grave, dijo:

—Supongo que no renunciarías a tu carrera por nadie, ¿verdad?

Era su sueño, él siempre lo había sabido. Desde la universidad, sus metas habían sido claras y siempre había luchado por ellas. En el fondo, eran iguales. Además, ella había tenido que esforzarse mucho más que él para conseguir lo que tenía. Aunque su familia se opusiera, su estatus como heredero de los Estrada era suficiente para que otros le allanaran el camino, eliminando obstáculos innecesarios que Florencia, en cambio, tenía que enfrentar con todas sus fuerzas.

El olor a cigarro llenó el carro. Florencia también bajó su ventanilla, dejando que el aire frío entrara. Su sonrisa se acentuó y sus ojos color ámbar se clavaron en los de él.

—¿Quién dice? —preguntó—. Si fuera necesario, podría renunciar.

Capítulo 551 1

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