No esperaba que volviera tan pronto.
Eleonor se quedó paralizada un instante, y luego una mezcla de alegría y sorpresa la invadió.
—¿Cómo llegaste tan temprano?
Apenas pasaban de las ocho. Pensaba esperarlo en la entrada.
La chica acababa de bañarse. Su cabello negro y sedoso caía suelto sobre sus hombros, realzando su piel tersa, que parecía de porcelana. Un vapor ligero la envolvía, irradiando una frescura y una sensualidad irresistibles.
Iker, que solo pensaba en verla, aún no se había lavado las manos. Contuvo el impulso de abrazarla y arqueó una ceja.
—¿Y a qué hora se supone que debía llegar? ¿Ese bocón de Joaquín ya te lo contó todo, verdad?
Joaquín siempre había sido así. No importaba lo que Eleonor le preguntara, confesaba más rápido que un criminal en un interrogatorio. Antes, cuando Iker preparaba sorpresas de cumpleaños para Eleonor, era el mismo cuento. Todos podían guardar el secreto, menos él. Una vez, Iker se enfadó y estuvo a punto de estallar, pero Joaquín murmuró: «Usted mismo nos dijo que debíamos serle leales, pero sobre todo a la señorita». De todos, solo Joaquín había cumplido esa orden al pie de la letra. Podía engañar a cualquiera, menos a Eleonor y a Iker. Y si tuviera que elegir, Iker no dudaba que la elegiría a ella.
Al oírlo, Eleonor levantó la barbilla con aire triunfante.
—¿Contarlo todo? Joaquín simplemente no sabe mentirme.
—Claro —dijo Iker, mirándola de reojo mientras se dirigía al baño—. Desde pequeños, todos te han consentido.
Mientras caminaba, se quitó el saco. Eleonor intentó tomarlo, pero él lo esquivó.
—Los lugares públicos están llenos de gérmenes.
Dicho esto, dejó el saco en una silla y se paró frente al lavabo para lavarse las manos con calma.
Eleonor no lo siguió. Se apoyó en el marco de la puerta y continuó la conversación anterior.
—Pero tú eres el que más me ha consentido.
Las palabras salieron sin pensar, pero a Eleonor no le parecieron fuera de lugar. Era la verdad. Años atrás, el resentimiento por haberla abandonado la había cegado, haciéndola negar todo su pasado. Pero últimamente, al recordar todos los momentos que vivieron juntos, se dio cuenta del nivel de cariño que Iker le había profesado. Era un cariño incondicional. Muchas cosas que ella mencionaba al pasar, se hacían realidad en cuestión de días. A los ojos de los demás, Iker era impaciente, pero con ella, parecía que nunca se había enfadado. Por muy reacio que estuviera a algo, bastaba con que ella hiciera un berrinche o le suplicara para que él cediera.
Al oír sus palabras, Iker detuvo el movimiento de sus manos. Los músculos de su espalda se tensaron bajo la camisa. A través del espejo, su mirada se encontró con la de la chica que estaba detrás de él.
—¿Ya te diste cuenta? —dijo con una media sonrisa.
—…
Este hombre no aguantaba un cumplido. Eleonor casi podía ver su cola moviéndose con arrogancia. Le lanzó una mirada de reproche, pero pensando en que acababa de llegar de un largo viaje, no lo contradijo.
—Me di cuenta hace mucho. No has comido, ¿verdad? Voy a bajar para que Laura te caliente la cena.


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