—Lo cambié a última hora.
Rufino se sentó en la silla a su lado, tomó los cubiertos que una empleada le había puesto y, con una sonrisa cálida, preguntó en tono de broma:
—¿Sabes qué es lo que más feliz hace a mi madre?
Yolanda lo vio sentarse junto a Ellie, sonriendo con tanta dulzura, y una idea cruzó su mente.
«¿Será que este muchacho tiene algún interés en Ellie?».
Nunca antes lo había visto acercarse a ninguna mujer, hasta el punto de que Yolanda había llegado a sospechar que le gustaban los hombres.
Eleonor, sin embargo, no le dio mayor importancia y preguntó con curiosidad:
—¿Qué cosa?
Rufino miró a su madre y sonrió.
—Cada vez que te ve, está feliz por dos días. Si come contigo, la felicidad le dura tres.
Yolanda no se sintió avergonzada en lo más mínimo, al contrario, levantó la barbilla y replicó:
—¡Por supuesto! Ellie no es como tú y ese bueno para nada, que solo me hacen enojar.
—¿Bueno para nada?
—Benicio Estrada —respondió Rufino sin rodeos.
Eleonor se quedó perpleja y no pudo evitar reírse.
Quién diría que el famoso cuarto joven de la familia Estrada tenía ese «apodo» en casa.
Sin embargo, la risa se le desvaneció un poco cuando Rufino preguntó de repente:
—¿Cómo le va a ese bueno para nada cortejando a tu mejor amiga?
—…
Eleonor se tocó la nariz.
—No lo sé.
No sabía cuál era la postura de la familia Estrada al respecto, y no quería decir nada que pudiera afectar a Florencia Herrera.
Rufino, notando su delicadeza, le explicó:
—Mi hermana mayor ya habló con Beni. La familia no se opondrá por completo a que tenga una relación con esa chica. Sin embargo, hay ciertas cosas que él tiene que resolver por sí mismo.
Eleonor se sorprendió al oírlo.
—¿Ya no se oponen?
—No.
Rufino entendía que esa era la intención de Simona.
Todo dependía de la decisión de Benicio.
Pero no podía dar más detalles para no influir en su elección.
En asuntos como este, era crucial que la persona involucrada lo tuviera todo claro por sí misma.
Cualquier empujón externo, incluso de la propia Florencia, podría hacer que en el futuro, si Benicio se arrepentía, ella terminara cargando con la culpa de ser un «obstáculo».
Eleonor sintió un alivio en el corazón.
—Gracias.
Independientemente de lo que sucediera entre Florencia y Benicio en el futuro, le parecía admirable que la familia Estrada cediera en este asunto.
La cena transcurrió en un ambiente agradable para los tres.
Al terminar, Eleonor miró la hora y, pensando que Amelia y las demás podrían volver en cualquier momento, decidió no quedarse más tiempo.
Amelia se humedeció los labios.
—¿Qué piensas de Iker?
Rufino lo pensó un momento.
—Es excelente.
Un hombre de mente profunda, decidido y con muchos recursos. No era de extrañar que alguien así pudiera estar en la cima del poder en Frescura.
Y lo más admirable era que no tenía escándalos amorosos.
Amelia continuó:
—Entonces… ¿qué te parecería tenerlo como cuñado?
—…
Rufino no se esperaba eso.
Frunció el ceño.
—¿Todavía no te rindes?
Iker tendría que estar completamente ciego para querer ser su cuñado.
Amelia sentía un cambio en el ambiente familiar, aunque no sabía explicar qué era lo que estaba mal.
Pero su instinto le decía que debía asegurar su futuro cuanto antes.
¡Y casarse con Iker era la mejor opción que tenía!
Si Rufino no estaba de acuerdo, iría directamente con Ireneo Estrada. Una vez que Ireneo y Alma formalizaran el compromiso…
¡Sería demasiado tarde para que la familia Estrada o Iker se opusieran!

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