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Mi Marido Prestado romance Capítulo 572

¿Triste?

Eleonor nunca se había planteado esa pregunta. Probablemente, las experiencias de su vida la habían convertido en una pesimista.

Para ella, que sus padres biológicos no fueran narcotraficantes ya era una grata sorpresa.

No se atrevía a esperar nada mejor.

Incluso estaba preparada para la posibilidad de que su familia no la aceptara del todo.

Reflexionó un momento y negó con la cabeza.

—No, creo que no me sentiría triste.

»De lo contrario, no te habría conocido, ¿o sí?

Si no hubiera sido por todo lo que vivió, no habría pasado esos nueve años conviviendo día y noche con Iker bajo el mismo techo.

No recordaba nada de su familia, pero Iker había estado a su lado de verdad durante todos esos años.

Él le había enseñado personalmente a protegerse y a volverse más fuerte.

A Iker se le encogió el corazón. La opresión en su pecho se hizo aún más intensa. Le pellizcó suavemente la mejilla.

—Eso no es del todo seguro.

Simplemente, se habrían conocido en otras circunstancias y con otras identidades.

Ella no habría sido la niña desamparada que le pelaba un caramelo en un velorio, sino la radiante y mimada señorita Zoe Estrada, parada al lado de Benicio.

Su comentario dejó a Eleonor perpleja.

—¿Por qué dices eso?

Si no la hubieran adoptado sus padres por una serie de casualidades, Alma nunca la habría llevado a la casa de la familia Rodríguez.

Y mucho menos habría conocido a Iker.

Iker dudaba sobre qué decir cuando César bajó del carro, se acercó a grandes zancadas y le susurró al oído:

—Después de que la señorita se fue del Chalet La Brisa Marina anoche, los hombres del señor Rufino volaron a Alemania esa misma noche. Ahora mismo están en un instituto de investigación biológica.

»Mandé a alguien a investigar. Enviaron una muestra, pero no quisieron revelar de qué se trataba.

»Sin embargo, la familia Estrada ya ha bloqueado toda esta información. Pude enterarme porque volaron desde Frescura. Además, el director del instituto de allá ha estado intentando quedar bien con la señorita Eleonor, así que me filtró algunos datos.

Iker frunció el ceño, pero su expresión se relajó de inmediato.

—Entendido —dijo con voz grave—, ¿estás seguro de que nadie más se enterará?

—No, señor.

Tras recibir una respuesta firme y ver que Iker no tenía más órdenes, César se retiró discretamente.

Eleonor supuso que estaban hablando de negocios. Desde que César se había acercado a susurrarle, ella se había apartado por respeto, mirando hacia otro lado.

Ahora que César se había ido, la interrupción le hizo olvidar su pregunta anterior. En su lugar, preguntó:

—¿Pasa algo con la empresa?

En realidad, casi nunca había asuntos que César tuviera que ocultarle.

De repente, el celular en su bolsillo comenzó a sonar.

Eleonor lo sacó y, al ver quién era, sonrió.

—Nil, hoy descanso, ni se te ocurra llamarme para explotarme en la clínica…

—No es eso.

La voz de Nil Jiménez sonaba agitada y, por primera vez, seria.

—Ellie, creo que Natalia fue envenenada. Su pulso es un caos y el profesor no está en casa. No estoy seguro de qué hacer.

»La estoy llevando al hospital, al del Grupo Rodríguez. ¡Ven lo más rápido que puedas…!

La mente de Eleonor se quedó en blanco. Entró en pánico y se dio la vuelta para bajar corriendo, pero casi pierde el equilibrio.

Por suerte, Iker la sostenía de la mano y la sujetó con rapidez, evitando que cayera. Al ver que ella seguía intentando bajar sin importarle nada, la tomó por los hombros para que se calmara.

—¿Qué pasó? Tranquila, voy contigo.

»Además, tú y el señor Osorio son médicos, y muy buenos. Así que los últimos que deberían perder la calma son ustedes.

Iker solo había alcanzado a oír la palabra «hospital» en la llamada.

Eleonor recuperó un poco la compostura, pero su voz temblaba.

—Es… es Natalia…

La misma Natalia que apenas ayer le había cocinado con sus propias manos.

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