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Mi Marido Prestado romance Capítulo 581

Renata frunció el ceño con fuerza, sintiendo un escalofrío recorrerle el cuerpo.

Su hijo, al que había gestado con tanto esfuerzo y dolor, ahora la trataba con la punta del pie por culpa de una mujer.

—¿Cómo que no tiene nada que ver conmigo? Soy tu madre. ¿Está mal que me preocupe por tu matrimonio?

Otra vez lo mismo.

La mirada de Fabián se volvió aún más fría.

—Eres mi madre, claro que no hay error en eso. Solo que, cuando tramitaste mi divorcio a mis espaldas, debiste haber previsto este resultado. Sabes bien que soy tu hijo, no un títere que tú manejas.

Al terminar de hablar, Fabián se marchó a zancadas, dejando a Renata atónita.

Ángel bajó las escaleras como un bólido y se abrazó a las piernas de Renata, haciendo un berrinche.

—¡Abuela, abuela! ¿Ese que vino era mi tío? ¿Por qué no subió a verme?

Renata volvió en sí de golpe y abrazó con dolor a su único nieto.

—Hoy estaba muy ocupado, pero la próxima vez seguro sube a ver a Angelito antes de irse.

—¿No me estás mintiendo?

Ángel puso cara de pocos amigos y recordó lo que Virginia le repetía constantemente por teléfono.

—Por cierto, ¿mi mamá va a volver de verdad? ¿Mi tío se va a casar con ella?

Tras una breve duda, Renata respondió:

—Sí.

Sin importar el estilo de vida que Virginia hubiera llevado antes, el título de «señorita Estrada» era suficiente para que Renata borrara el pasado de un plumazo.

La familia Valdés necesitaba desesperadamente el apoyo de la familia Estrada.

Ella también necesitaba una nuera que fuera hija de los Estrada.

Así, en las reuniones de la alta sociedad, ¿quién se atrevería a mirarla por encima del hombro?

¡Mañana mismo iría personalmente a la casa de los Estrada para formalizar el compromiso!

Y en la cena benéfica de dentro de dos días, anunciaría la boda frente a toda la élite.

Para entonces, por más que Fabián se opusiera, no se arriesgaría a ofender a la familia Estrada rompiendo el compromiso.

***

Chalet El Roble Dorado.

Eleonor salió de la ducha y, al no ver a Iker en la habitación, no pudo evitar ir a buscarlo al despacho.

Al escuchar el leve ruido de la manija, Iker levantó la vista hacia la persona que empujaba la puerta.

—¿Todavía no tienes sueño?

Ya eran más de las diez.

Eleonor se sorprendió.

—¿Cómo sabías que era yo?

En cuanto preguntó, se dio cuenta de que era una tontería.

Nadie más en la casa entraría a su despacho sin tocar.

Eleonor se acercó a él y apretó los labios.

—¿Hay noticias de César?

Durante el día, Iker le había encargado a César investigar con quién había tenido contacto Natalia hoy.

Por eso, ella no podía sacarse el asunto de la cabeza.

Si lograban averiguar quién la había envenenado, tal vez habría una forma más rápida y mejor de conseguir el antídoto.

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