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Mi Marido Prestado romance Capítulo 709

Su prometido.

Esas dos palabras salieron de sus labios con tal naturalidad que parecía que llevaban años juntos.

Al escucharlo, Iker sintió un cosquilleo en el corazón, como si una pluma invisible le acariciara el pecho.

Una picazón deliciosa. Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba sin que pudiera evitarlo.

El mayordomo, aunque no notó ninguna anomalía en el ambiente, intuyó que el hombre junto a la doctora Muñoz irradiaba un aura de poder indomable. Definitivamente no era alguien a quien pudiera ofender.

—Por supuesto, por supuesto.

El mayordomo hizo un gesto de cortesía y los guio por las escaleras.

Al entrar a la habitación y ver al hombre recostado en la cama, Eleonor frunció el ceño por instinto.

La palidez de su rostro era peor que la del día anterior.

Oliver no mentía, su enfermedad se había agravado considerablemente.

El mayordomo pensó que Oliver estaba dormido y habló en voz baja:

—Señor, la doctora Muñoz está aquí.

Oliver abrió los ojos lentamente. Miró a Eleonor sin apenas energía y, mientras hacía un esfuerzo por incorporarse, reprendió al mayordomo:

—Si la doctora llegó, ¿por qué no subiste a avisarme para que yo bajara?

Eleonor se acercó rápidamente y lo detuvo por los hombros.

—Quédese recostado. No queremos que los síntomas empeoren.

—Siento mucho las molestias, doctora.

Tras decir esto, la mirada de Oliver se posó en la imponente figura a su lado. Sus ojos se abrieron con asombro.

—¡Señor Rodríguez! ¡Señor Rodríguez!... ¿Usted también vino? ¡Qué vergüenza no haberlo recibido como se merece!

Iker mantuvo un rostro imperturbable, pero fingió sorpresa.

—¿Usted me conoce?

—Por supuesto que sí —asintió Oliver, con un tono rebosante de admiración—. Un hombre tan joven sosteniendo tanto poder en Frescura... ¿quién no lo reconocería?

Iker lo miró con calma, respondiendo con indiferencia:

—Es usted muy amable.

—Incluso las evidencias que vi en su momento... eran falsas.

Oliver miró a Eleonor, con los ojos llenos de culpa.

—Fui demasiado crédulo. No sé si le habré causado algún problema... Doctora, lo lamento profundamente...

Eleonor quedó paralizada por la sorpresa y cruzó una rápida mirada con Iker.

Aquello fue un giro que no esperaba.

De por sí tenía sus sospechas. Había ido a verlo no solo por responsabilidad profesional, sino también para descubrir qué juego se traía entre manos.

Pero jamás imaginó que él mismo soltaría la confesión de buenas a primeras.

—Conque eso fue lo que pasó.

Iker dio un paso adelante, posó la mano protectoramente sobre el hombro de Eleonor y esbozó una media sonrisa indescifrable.

—Y dígame, ¿quién es ese viejo amigo suyo? Alguien dispuesto a tomarse tantas molestias y a falsificar pruebas solo para difamar a la familia Estrada, muy probablemente sea un enemigo jurado de ellos.

—¿No le molestaría darnos un nombre? Si se trata de un simple malentendido, sería mejor aclararlo a tiempo.

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