Eleonor detuvo sus pasos por un instante. Tras asimilar sus palabras, comenzó a caminar hacia su consultorio con tono preocupado.
—¿Qué molestias tiene?
En teoría, no debería haber complicaciones. Ayer mismo le había aplicado acupuntura y modificado la receta herbal.
Pero la voz de Oliver, carente de fuerza, no sonaba fingida.
—Sí... —Oliver hizo una pausa, como si le faltara el aire, y tardó un segundo en continuar—. Esta mañana me desperté con una fuerte presión en el pecho, me está costando mucho respirar.
Eleonor reflexionó un momento.
—De acuerdo, intente recostarse de lado. Iré en cuanto termine con los pacientes de la mañana. Si los síntomas empeoran antes de que llegue, llame a emergencias de inmediato.
Ayer mismo le había tomado el pulso a Oliver y conocía a fondo el estado de su cuerpo.
Los problemas respiratorios eran, de hecho, un síntoma esperado cuando su enfermedad se agravaba.
Pero habiendo recibido tratamiento el día anterior, temía que algo estuviera yendo mal.
Oliver soltó un suspiro de alivio.
—Perfecto. La esperaré en casa.
Tras colgar, Eleonor se concentró en su trabajo y comenzó a llamar a los pacientes.
Cerca del mediodía, apenas terminó de atender a su última cita, Nil Jiménez tocó a la puerta.
Al ver su sonrisa radiante, Eleonor también sonrió.
—¿Qué buenas noticias me traes que te tienen tan contento?
—Mira esto.
Tras anunciarlo con orgullo, Nil colocó una carpeta frente a ella.
Al hojear los documentos, la sonrisa de Eleonor se ensanchó. Levantó la mirada, visiblemente emocionada.
—¿Los resultados del experimento salieron tan rápido?
Era el informe de la nueva medicina especializada.
Ella había calculado que tardarían al menos una semana más.
—Sí —respondió Nil, tomando asiento frente a ella—. Sabía que estabas ansiosa por verlos, así que hice unas horas extras estos últimos días.
Al oír eso, Eleonor soltó un suspiro teñido de culpa.
Nil asintió de inmediato.
—¿Quieres que te acompañe?
—No es necesario. Joaquín vendrá conmigo.
Eleonor señaló las ojeras marcadas debajo de los ojos del hombre.
—Mejor vete a casa a dormir un poco.
Si no fuera porque Joaquín la estaba esperando afuera de la clínica, no habría aceptado ir a la casa de Oliver con tanta facilidad.
Nil pareció relajarse un poco.
—De acuerdo.
—Por cierto —dijo Eleonor deteniéndose en la puerta del consultorio, recordando algo de pronto—, Don Oliver se fue del país hace algún tiempo. ¿Sabes si ocurrió algún problema en su familia?
—¿Problemas? —Nil frunció el ceño—. Mis padres no mencionaron nada, pero puedo preguntarles cuando llegue a casa.
—Te lo agradezco mucho. Esto es bastante importante para mí. Avísame en cuanto averigües algo.
Sin decir más, Eleonor salió a paso rápido hacia el estacionamiento.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Marido Prestado