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Mi Marido Prestado romance Capítulo 712

Eleonor no lograba recordar dónde más lo había visto.

Pero su sexto sentido le decía que lo que Oliver escondía era a un hombre.

Iker lo consideró por un momento y le habló a la persona que seguía en la línea telefónica:

—¿Escuchaste lo que dijo Eleonor?

—Sí, señor —respondió César con calma—. Voy a revisar las cámaras de seguridad del fraccionamiento de Oliver de ese día, a ver si logro identificar quién era.

—Bien —Iker estaba a punto de colgar, pero de pronto añadió con voz afilada—: Averigua también si Leonardo Molina ha entrado o salido de esa zona.

—Me encargo ahora mismo —asintió César.

La llamada terminó.

Eleonor sintió un escalofrío y expresó su teoría en voz baja:

—¿Sospechas que... Oliver podría tener alguna conexión con Joel?

Aparte de eso, no se le ocurría otra explicación.

Iker asintió levemente.

—No es imposible.

El corazón de Eleonor latía con fuerza. Estaba a punto de hacer más preguntas cuando sonó su celular.

Era una llamada de Nil Jiménez.

—¿Aló, Nil?

—Eleonor —la voz de Nil sonó clara y relajante—, acabo de preguntarle a mis papás sobre lo que me pediste.

Justo el tema del que estaba hablando con Iker. Ella contuvo la respiración sin hacer ruido.

—¿Y bien? ¿Tus papás saben algo?

—Sí. Hace poco hablaron por teléfono con la esposa de Oliver. Les dijo que él viajó al extranjero porque la hija de ambos se enfermó —explicó Nil con tono suave.

Al escuchar eso, Eleonor sintió un gran alivio en el pecho.

—Entiendo. Muchas gracias, Nil, perdona las molestias.

El volumen de su celular era lo suficientemente alto para que Iker pudiera escuchar.

Iker frunció el ceño.

—¿La familia Jiménez es muy cercana a Oliver?

—Sí —respondió Eleonor con sinceridad—. Nil me contó que sus papás conocen a Oliver desde que eran jóvenes.

Esta era la razón por la que Eleonor cambiaba de opinión a cada rato.

—¡Por supuesto!

Eleonor no sabría explicar el motivo exacto.

Tal vez era simplemente... esa conexión natural que surge entre dos personas.

Le caía muy bien Yolanda, y también los hermanos Estrada, a excepción de Benicio, quien antes siempre la evitaba.

Al ver que abría la puerta a toda prisa, Iker la siguió de cerca mientras le advertía:

—Mi niña, ve despacio. Seguramente acaban de regar el césped, no te vayas a resbalar.

—Sí, sí, sí...

Aunque respondía que sí, los pasos de Eleonor eran rápidos y precisos, esquivando cada charco de agua con agilidad.

Iker la seguía por detrás, negando con la cabeza entre risas.

Simona estaba conversando con Susana Castillo. Al escuchar el ruido en la entrada, giró la cabeza y una sonrisa se dibujó en sus labios.

Cuando Eleonor la vio, por fin dejó de correr y le dedicó una sonrisa radiante.

—¡Simona, de verdad eres tú!

—Soy yo —la voz de Simona ya no era tan fría y distante como de costumbre, sino que tenía un matiz mucho más cálido. Levantó la carpeta que tenía a su lado—. Vine a traerte algo.

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