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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 112

—Galileo, me dijiste que si algo me gustaba en la subasta de hoy me lo ibas a comprar, ¿verdad? Pues quiero este. Se me hace que el collar está hermosísimo.

Galileo frunció el ceño aún más.

Solo había un collar, ¿cómo se suponía que iba a dividirlo?

—Galileo... ¿te estás echando para atrás? —preguntó Nanette.

—Para nada —respondió él, forzando una sonrisa.

—¿Entonces lo compramos?

—De acuerdo.

La cifra ya se había ido a una locura y casi nadie se atrevía a volver a levantar su tarjetón de oferta.

Justo cuando todos pensaban que el costoso collar se lo llevaría Galileo, alguien más alzó su paleta.

Nanette agudizó la vista.

¡Era Isaac!

De pronto se le ocurrió una idea y no dudó en aprovecharla.

—Oye, Galileo, ese hombre se parece al asistente de Noel.

Al escuchar eso, Galileo no lo pensó dos veces y superó la oferta de Isaac.

Entre una oferta y otra, el precio del collar se disparó hasta una cifra absurda.

Nanette sentía una satisfacción inmensa.

Quedaba claro que a Galileo no se le podía provocar; su instinto competitivo se disparaba de inmediato.

Isaac dejó de levantar la paleta.

Galileo se llevó el collar.

Todo el salón estalló en aplausos.

El presentador invitó a Galileo al escenario.

—En nombre de los niños con parálisis cerebral, le agradezco su enorme generosidad, señor Godoy. Usted es un empresario excepcional, joven, exitoso y, sobre todo, de un gran corazón.

La verdad, durante la subasta Galileo estuvo a nada de rendirse varias veces.

Si no lo hizo, fue únicamente para no perder ante Noel.

Pero con todos esos halagos del presentador, de pronto sintió que cada peso gastado había valido la pena.

Al menos le servía para mejorar su reputación.

Capítulo 112 1

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