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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 140

El corazón de Nanette dio un vuelco. Iba a decir algo, pero Noel se le adelantó:

—Pero Virgilio se lleva muy bien con Quintín. Déjame marcarle a Quintín ahorita mismo para que le eche un telefonazo y nos haga el favor de contactarlo.

Nanette estaba tan emocionada que casi lo abraza.

Noel sacó su celular y marcó ahí mismo.

La llamada duró menos de un minuto.

Nanette no hallaba qué hacer con las manos de puro nervio.

—¿Qué te dijo?

—Que ya lo está checando. Solo hay que esperar a que nos avise.

Nanette se sintió apenada.

—Qué pena molestar a Quintín a estas horas.

—No te apures, de por sí ya me había regañado por otra cosa, así que estamos a mano.

Eso solo la hizo sentir peor.

—De verdad, no sé cómo pagarte todo esto.

—Tómalo como una inversión a futuro —respondió él.

Nanette al fin sonrió un poco.

—Ojalá tu inversión no resulte en pérdida.

—Ya me dio ganancias —dijo Noel.

Nanette no entendió a qué se refería, pero tampoco quiso preguntar.

Sus pensamientos volvieron a enfocarse en el papá de su bebé.

Noel estaba siendo tan bueno con ella, y ella le estaba ocultando la verdad sobre su hijo.

¿Estaba haciendo bien o mal?

Noel notó que ella se sobaba el vientre constantemente y pensó que seguía angustiada por su embarazo.

—¿Todavía te sientes mal?

Nanette, perdida en sus pensamientos, no le contestó.

Noel insistió:

—El doctor ya dijo que todo está perfecto, así que no te estreses de más.

—Noel...

Nanette lo miró fijamente de pronto.

No. Mejor no.

Tal vez lo mejor era tragarse ese secreto y no abrir esa puerta nunca. Quintín no tardó en reportarse.

Traía una buena noticia y una no tan buena.

La buena era que Virgilio había aceptado revisar el caso.

La mala era que, por la edad avanzada del doctor, no podía andar dando vueltas, así que tenían que trasladar al paciente al hospital rural.

Nanette le marcó enseguida a Eloísa para darle el aviso.

En cuanto Eloísa escuchó la palabra "hospital rural", puso el grito en el cielo.

—¡Nanette! ¿Estás esperando a que tu papá se nos muera o qué? ¿Cómo lo vas a sacar del mejor hospital de San Lirio para meterlo en una clínica de mala muerte en un pueblucho? ¡Esos lugares con trabajo atienden una gripa! ¿De verdad crees que van a saber qué hacer con algo así? ¡Aterriza!

Nanette intentó hacerla entrar en razón con toda la paciencia del mundo:

—Mamá, Virgilio es una eminencia en temas cardiovasculares. Trabajaba en un hospital de prestigio, pero decidió irse a esa clínica para ayudar a los de bajos recursos. Por favor, mamá, hay que...

—¡Ay, ya cállate! —la interrumpió Eloísa, fuera de sí—. ¿Cuál eminencia ni qué nada? Si de verdad fuera tan bueno, ¿tú crees que estaría en una clínica toda chafa? Seguro lo demandaron por negligencia y se fue a esconder allá para que no lo metan a la cárcel.

Nanette se quedó sin palabras.

Era como hablarle a la pared.

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