El bebé soltó un llanto desgarrador al instante.
La niñera entró corriendo a la habitación, asustada.
Detrás de ella entraron Anatolia e Ivón, y con ellas...
Luis.
Resulta que Anatolia y las demás ya iban de salida.
Pero en la planta baja se toparon con Luis, que venía de visita.
Así que Anatolia lo acompañó de regreso a la habitación.
Jamás se imaginaron que encontrarían a su adorado niño llorando a todo pulmón.
A Anatolia casi le da un infarto de la impresión y se le fue encima a la niñera a gritos.
—¡Para qué te pago! ¡Por qué está llorando así de la nada!
La niñera miró a Yolanda de reojo, sintiéndose acorralada.
—Doña Anatolia, no fui yo, fue...
Yolanda se dejó caer al suelo hecha un mar de lágrimas.
Anatolia se quedó de piedra.
—Yolanda, ¡qué haces en el piso!
—Abuela, yo lo hice llorar, no le grite a ella.
Yolanda se puso una mano en el pecho, fingiendo un dolor insoportable.
—¡Perdóneme, abuela! Fui yo quien lastimó a su bisnieto, pero ya no sé qué hacer... ¡Me voy a volver loca!
Luis, angustiado por su hija, intentó levantarla.
Pero Yolanda se resistió.
—¡Papá, déjame terminar!
Luis le lanzó una mirada helada a Nanette y soltó a su hija.
—¡Abuela! ¡Ya no aguanto más! Deje que Mateo y yo nos vayamos. Si sigo viviendo bajo el mismo techo que Gali, voy a perder la cabeza.
Anatolia no entendía nada.
—Yolanda, ¡de qué estás hablando! Y otra cosa, ¿por qué le hiciste daño a Mateo?
—No fue porque quisiera, me obligaron.
Se la habían jugado bien y bonito.
Yolanda empezó a hablar entre sollozos.
—Nanette me odia. Siempre dice a mis espaldas que Mateo es un bastardo y que no lleva la sangre de los Godoy. Se la pasa atormentándome con eso.
»Apenas entré a la habitación, vi que Nanette estaba a punto de picar a Mateo con esta aguja. Tenía una mirada tan agresiva que me dio pánico. Menos mal que la detuve a tiempo, o quién sabe qué le hubiera hecho a mi pobre hijo.
»Pero como ya no quiero que sigan difamando a mi niño, decidí sacarle la sangre yo misma para mandar a hacer una prueba de ADN y que se acabe esto de una vez por todas.
Al escuchar eso, Anatolia estalló de coraje.
—¡¿Prueba de ADN, de qué me hablan?! Ese niño es de mi sangre y punto.
—¡Nanette! —le gritó—. ¡Lo que pasa es que te mueres de envidia de Yolanda y por eso andas inventando tantas porquerías!
Ivón, por supuesto, no perdió la oportunidad de echarle leña al fuego.
—¡Tiene toda la razón, mamá! ¡Esta mujer no puede seguir en nuestra familia, un día de estos nos va a matar de un coraje!
Luis intervino con un tono amenazante.
—Vengo tranquilamente a ver a mi hija y me encuentro con este circo. ¿Así es como tratan a mi niña en su casa?
—Mi hija renunció a rehacer su vida por ustedes, soportó las molestias del embarazo para darles un heredero a los Godoy, ¡y en lugar de agradecerle, permiten que la humillen y la maltraten de esta manera!

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