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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 144

—Anatolia, ¡exijo una explicación!

Anatolia de inmediato suavizó el tono para calmar las aguas.

—Usted sabe mejor que nadie cuánto adoramos a Yolanda. Lo de hoy fue un simple accidente. Toda la culpa la tiene Galileo por haberse casado con cualquiera que se le cruzó en el camino.

Tras decir eso, volteó hacia Nanette y le gritó con furia:

—¡Lárgate de aquí! ¡No quiero que te vuelvas a acercar a Mateo!

Nanette supo que había perdido esta batalla.

Lo mejor era retirarse.

Incluso si tuviera cien bocas, no habría forma de convencerlos.

Pero Luis le cerró el paso.

—Yolanda es mi princesa y Mateo es mi propio nieto. Meterse con ellos es meterse conmigo.

—Ah, ¿o sea que los lastimas y crees que puedes irte como si nada? No creas que te vas a ir así nomás.

Luis dejó salir una actitud intimidante, casi de mafioso.

—Ya que Nanette está tan segura de que Mateo no es de los Godoy, hagamos la prueba de ADN. Así nadie volverá a dudar del origen de mi nieto.

—¡Yo sé perfectamente que Mateo es mi bisnieto! —intervino Anatolia—. No hay ninguna necesidad de hacer pruebas.

La mirada de Luis se endureció.

—¡No! ¡La vamos a hacer! Es la única forma de cerrarle la boca a la gente envidiosa y de limpiar el nombre de mi hija.

—Pero no hay por qué llegar a tanto... —insistió Anatolia.

—¡Anatolia! —la interrumpió Luis, indignado—. Creo que es lo mejor para todos. ¡No voy a permitir que una mentirosa y manipuladora manche la reputación de mi hija!

Le arrebató la lanceta a Yolanda de las manos.

—Mira bien, esta es la sangre de tu bisnieto. Ahorita mismo voy a mandar a que la analicen. Te voy a demostrar con papeles en mano que mi nieto es sangre de tu sangre.

—Y para que no haya dudas, vas a tener que ir conmigo a dejar la muestra, no vaya a ser que luego alguien invente que alteramos los resultados.

Escuchar a esos dos haciéndose las víctimas le revolvía el estómago.

¡Perfecto!

Ya que la habían acorralado, no le quedaba más remedio que dejar que todo ardiera.

—Incluso si el niño es un Godoy, no es de su difunto esposo Martino... es de mi esposo, Galileo.

—A ver, explícame eso.

Nanette paseó la mirada por todos los presentes y continuó con calma:

—¿No creen que son ustedes los que deberían explicarle a todo el mundo por qué el hijo de la viuda resultó ser del hermano mayor?

—¿No habría que aclarar si Yolanda usó los espermatozoides congelados de mi esposo para una inseminación artificial, o si...?

Nanette hizo una pausa a propósito y esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo.

—¿O acaso fue el resultado de una noche de revolcones entre Yolanda y mi marido?

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