Dina miró a Nanette de reojo, con evidente repulsión.
—Qué mala suerte, ¡salir de compras y tener que toparse contigo!
Nanette no tenía ganas de lidiar con una tonta, pero justo cuando Dina pasaba a su lado, la llamó.
—Dina Godoy.
Dina la miró con desdén.
—¡Qué quieres!
Nanette: —Aprovecha el tiempo y disfruta todo lo que puedas. No vaya a ser que en el futuro no tengas oportunidad de disfrutar y te arrepientas.
Dina no era tan estúpida como para no entender la advertencia detrás de esas palabras. No se atrevió a decir más y se marchó apresuradamente.
Camila se pegó a Venancio.
—¿No es ese el collar?
Venancio le susurró al oído:
—Qué casualidad, ¿no? Su nombre en inglés también empieza con J.
Camila lo comprendió de golpe.
—¿Esa J es por el jazmín de Nanette, su flor favorita?
—Así es, Noel la grabó él mismo pensando en ella.
Camila sintió una extraña punzada en el pecho, pero se recuperó rápidamente.
—Entonces, ¿por qué no se lo quitaste?
—¿Cómo iba a hacerlo? ¿Arrancándoselo del cuello? Me denunciaría por robo en plena calle y el que terminaría en la cárcel sería yo.
Camila estaba indignada.
—Pero si es de Nanette. Que ella lo lleve puesto es un insulto para esa joya.
Y también un insulto a los sentimientos de Noel.
Venancio maquinó una idea.
—Los detalles de Noel no pueden quedar en manos de los Godoy.
—¿Tienes un plan, entonces?
Venancio sonrió con cierta malicia.
—Si no podemos quitárselo por las buenas, lo haremos por las malas.
Ambos juntaron sus cabezas y murmuraron un rato.
Nanette se acercó a ellos, entre divertida y confundida.
—¿Acaso tienen un secreto que yo no puedo saber?
Venancio improvisó rápidamente:
—Acabo de recordar que tengo un asunto urgente y debo irme. Ya no podré acompañar a las señoritas.
Dicho esto, le entregó todas las bolsas a Camila.
—Toma.
Camila las recibió encantada.
—Que te vaya bien.
Dina corrió hacia ella, al borde de las lágrimas.
—No me lastimaron, pero un hombre me arrancó el collar y salió corriendo.
Anatolia se quedó perpleja.
—¿Solo te robó el collar? ¿Nada más?
Dina negó con la cabeza.
—Nada más, solo el collar.
—¿Qué collar era?
Dina empezó a tartamudear. En el fondo, sabía que no había conseguido ese collar de forma muy honorable.
La joya había sido entregada a los encargados de recibir los regalos el día de la boda de Galileo y Nanette.
Pero no era para ella. Era para Nanette.
El encargado dijo: "Alguien nos pidió que le entregáramos este collar a la novia".
¿La novia? Esa era Nanette.
Por supuesto, Dina no iba a permitirlo, así que abrió la caja.
Al ver el elegante y fino collar con el pendiente de jazmín, se enamoró de él al instante.
En la parte trasera del pendiente había una J grabada.
Justo daba la casualidad de que la primera letra del nombre en inglés de Dina empezaba con J, así que se autoconvenció de que le pertenecía.
Sin embargo, como sentía que no era lo suficientemente lujoso, casi nunca lo usaba y lo tenía guardado en su habitación.

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