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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 324

Ese día, Yolanda había llevado a Mateo a la casa de sus padres.

Cuando Galileo llegó a la residencia de la familia Camoso, el personal fue a avisarle a Luis con una gran sonrisa, tratándolo ya como si fuera el yerno oficial.

Luis estaba conversando con Yolanda, pero al ver entrar a Galileo, detuvieron la charla.

Yolanda corrió hacia él.

—¡Gali, llegaste!

Galileo asintió levemente.

Al notar que no parecía muy animado, Luis sintió un ligero fastidio, pero no lo demostró.

—Galileo, llegas en un excelente momento. Yolanda y yo justo hablábamos de ti.

Galileo forzó una expresión más amable.

—Señor Luis.

Luis soltó una carcajada: —Ya no me vas a llamar "señor" por mucho tiempo. Muy pronto me dirás suegro. Hablé con tu abuela y acordamos que ustedes dos se casarán directamente; ya no habrá necesidad de hacer una fiesta de compromiso.

Galileo se quedó atónito.

—Señor Luis, ¿no es algo muy precipitado? ¿No deberíamos esperar un poco más?

Si de él dependiera, no se casaría ni loco. Pero no tenía otra salida.

Luis: —Yo también hubiera preferido esperar, pero mi princesa sueña con casarse contigo lo antes posible.

Yolanda se hizo la avergonzada.

—Papá, ¿qué cosas dices? Yo no dije eso...

Luis se rio a carcajadas. —¿Ahora te da pena? ¿Quién estaba hace un momento preocupada de que su Gali ya no quisiera casarse con ella?

Luego, dirigiéndose a Galileo, preguntó con tono serio:

—Galileo, quiero escucharlo de tu propia boca. ¿De verdad quieres casarte con mi hija?

Luis le dio unas palmadas en el hombro.

—Perfecto. Entonces me reuniré con tu abuela para planear todos los detalles de la boda. Pero antes, debes arreglar y anunciar públicamente tu divorcio.

Al salir de la casa de los Camoso y subir al auto, Galileo estaba con la mirada perdida.

Silvio encendió el motor, pero al ver la cara de su jefe, supo que lo mejor era mantener la boca cerrada.

Yolanda, en cambio, se aferró a él con dulzura.

—Gali, me siento tan feliz. Pensar que pronto seremos esposos de verdad... no me cabe la alegría en el pecho. ¡Siento que estoy viviendo un sueño!

Galileo soltó un suspiro casi imperceptible.

Sí, parecía un sueño. Pero para él, era una completa pesadilla.

Tal vez, al principio, Galileo realmente había sentido algo por Yolanda. Pero con la constante presión de Anatolia y la manipulación de Luis, ese sentimiento se había transformado en un profundo rechazo.

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