Tras enviar la respuesta, Nanette apagó su celular y se durmió.
Pasó una noche muy tranquila.
Al despertar al día siguiente y encender el teléfono, de inmediato saltaron varias notificaciones de mensajes.
Cuando vio que eran de Galileo, no sintió la menor curiosidad por leerlos y los borró directamente.
Pero al llegar al último mensaje, su dedo se quedó congelado sobre la pantalla. Tardó un buen rato en procesar lo que estaba viendo.
Acababa de recibir una transferencia por una cantidad absurda de dinero.
El remitente era: Noel. Y no provenía de una cuenta empresarial, sino de una cuenta personal.
Para que una suma tan gigantesca pasara tan rápido, seguro tuvo que haber movido contactos fuertes en el banco.
«Esto es...»
Nanette tomó la iniciativa y llamó a Noel de inmediato.
El teléfono sonó varias veces antes de que alguien contestara.
Desde el otro lado de la línea se escuchó la voz ligeramente ronca del hombre.
—¿Qué pasó?
—Ya recibí el dinero —dijo Nanette.
—Perfecto.
—¿Por qué la transferencia viene de tu cuenta personal?
—Hacer un movimiento de ese tipo sin un contrato firmado va en contra de las políticas de la empresa —explicó él—. No quería romper las reglas corporativas, así que por ahora solo podía enviarlo desde mis propios fondos.
Nanette suspiró internamente. «Este hombre sí que está forrado de billetes».
—De verdad, qué pena tanta molestia. Avísame cuándo tienes tiempo para que vaya a firmar el contrato.
—Dame un par de días, en lo que regreso de viaje y lo dejamos todo firmado.
Ella guardó silencio por un momento.
—¿Pasa algo? —preguntó Noel.
Nanette esbozó una leve sonrisa.
—Me hiciste un favor enorme. Sería injusto no darte nada a cambio.
—Si aceptaras unirte a Nube Alta, esa sería la mayor recompensa para mí —dijo él—. Aunque, pensándolo bien, creo que estoy pidiendo demasiado.
Ella soltó una carcajada suave.
—Unirme a Nube Alta sería un honor para mí. Al principio no lo tenía planeado, pero dadas las circunstancias, tal vez lo piense en serio.
El motivo por el cual había renunciado a su carrera profesional tras casarse con Galileo, eran las estrictas reglas de la familia Godoy.
—Sí. ¿Ya está redactado el contrato?
Cualquier rastro de sombra desapareció del rostro de Eloísa al instante.
—¡Ya lo tengo listo! Solo estábamos esperando a que cayeran los fondos.
—Primero firmemos.
La mujer dejó escapar un gran suspiro de alivio.
—La verdad, no me esperaba que mi yerno nos quisiera ayudar. Qué buena influencia tienes sobre él, Nanette.
Sin ganas de platicar de más, ella la cortó en seco.
—Trae el contrato.
Eloísa corrió al despacho y salió con los papeles en la mano, mostrando una expresión sumamente complaciente, algo muy raro en ella.
—¿Estás segura de que Galileo aceptará estos términos de pago?
El documento estipulaba que la deuda, enorme, podía liquidarse a plazos durante los próximos diez años.
A pesar de la crisis, para una empresa del nivel de la familia Larco, esa cantidad dividida en tanto tiempo no sería un problema.
Nanette no le contestó, simplemente tomó el bolígrafo y firmó con su nombre.
—Pásame el número de cuenta de los prestamistas. Yo me encargo de hacerles la transferencia directa a ellos. Ya no tienes de qué preocuparte, no van a volver a pararse por aquí a hacer un escándalo.

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