Luis entrelazó las manos y, por primera vez, mostró la culpa y el amor de un padre hacia su hija.
—Cásate con Yolanda.
Galileo esbozó una sonrisa de medio lado.
Una sonrisa con un toque de frialdad y de crueldad.
Luis, por supuesto, supo interpretarla.
Pero en ese momento, él era como un animal acorralado que no sobreviviría al invierno. Su única opción era apostarlo todo con los bienes que le quedaban a la familia Camoso.
Esa sería su última obra por el bienestar de Yolanda.
—El Grupo Camoso ha caído, pero mis contactos y las bases del negocio siguen ahí. Con tus habilidades, puedes cambiarle el nombre a la empresa, levantarla de nuevo, y en muy poco tiempo, dominar el mercado de la logística.
—Luego podrías implementar las nuevas tecnologías de Faro Tecnológico en el sector logístico. Una alianza de ese calibre te aseguraría el control de la mitad de San Lirio en el futuro.
—Galileo, me niego a creer que esa oferta no te resulte tentadora.
Por supuesto que a Galileo le resultaba tentadora.
Sin embargo, desde el principio, nunca había pensado en casarse con Yolanda.
Antes, porque Anatolia lo impedía y no tenía margen de maniobra.
Pero ahora...
—Lo voy a pensar.
Si casarse con Yolanda le garantizaba beneficios enormes...
Definitivamente valía la pena considerarlo.
Luis pareció respirar aliviado.
—Dame una respuesta lo más pronto posible. Como sabes, no me queda mucho tiempo.
—De acuerdo.
Galileo hizo una pausa de unos segundos.
—¿Sabe quién fue?
—¿El que me destruyó? —preguntó Luis.
—Así es.
El rostro de Luis se ensombreció con profundo odio.
—No lo sé, pero seguro es alguien poderoso. Alguien común y corriente jamás habría conseguido esas pruebas.
Galileo insistió.
—¿De quién sospecha más?
Luis se quedó pensativo un momento.
—De Noel Cortés.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó