El médico, desesperado por la torpeza de la chica, la apuró:
—¡Ya suéltalo de una vez! ¿A estas alturas qué estás escondiendo? Haz lo que te dice la señora Godoy. Ella es una persona razonable y seguro sabrá entender.
La enfermera finalmente soltó la sopa:
—Es del señor Cortés.
Nanette se quedó congelada unos segundos.
¿Cortés?
¿No sería...?
—¿Noel?
—Sí, Noel Cortés. El dueño de Nube Alta.
Nanette ni siquiera podía poner en palabras lo que estaba sintiendo.
Se quedó inmersa en sus pensamientos hasta que por fin logró aterrizar.
—Quiero que esto quede estrictamente entre nosotros tres. Absolutamente nadie más se puede enterar —advirtió.
La enfermera asintió repetidamente.
—No se preocupe, sé perfectamente en la que me meto si alguien más se entera. Soy una tumba. Solo una cosa... —dudó por un segundo—. ¿Deberíamos informarle al señor Cortés?
—No hace falta.
—Entendido.
Nanette volteó hacia el doctor.
—A ver si entiendo... ¿quiere decir que el esperma de Galileo ni siquiera sirve para embarazar a nadie?
—Sin un tratamiento adecuado, las probabilidades de embarazo son casi nulas —confirmó el médico.
Nanette soltó una risa seca, de esas que no traen alegría.
—Señora Godoy, no se mortifique, hoy mismo nos deshacemos de este embarazo, yo me encargo de...
—No —lo cortó en seco.
El médico se sorprendió.
—¿Ya no va a abortar?
Al salir del hospital, Nanette levantó la mirada hacia el cielo.
Estaba despejado, sin una gota de viento y con un sol precioso.
Un clima perfecto.
Caminó hasta una cafetería cercana y se sentó sola durante un buen rato.
Menos mal que se enteró de todo esto a tiempo.
De lo contrario, ya habría acabado con la vida de su bebé.
La verdad es que, en el fondo, le dolía en el alma pensar en abortar.
Aunque hubiera sido de Galileo, seguía siendo de su propia sangre.
Pero ahora resultaba que Galileo no tenía absolutamente nada que ver.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó