—Quédate un rato más —susurró él.
Nanette miró la hora.
—Ya es tarde. Debería adelantarme y revisar el programa una vez más.
—Déjame abrazarte un poco más. Mañana... ya regresamos a San Lirio.
Nanette se paralizó.
Era cierto, mañana volvían a San Lirio.
Una vez allí, él volvería a ser él mismo, y ella solo sería ella.
Nanette se acurrucó contra su pecho.
—Noel.
—¿Sí?
—En la noche, quiero que me acompañes a La Rueda de la Fortuna. Estuve investigando y dicen que hay una enorme aquí. Cuando llegas a la cima, puedes ver toda la ciudad iluminada. Tengo muchas ganas de subir.
—Claro, en cuanto termine la competencia, te llevo.
Nanette lo pensó un poco más.
—También quiero volver al lugar donde fuimos a comer ayer. Vi muchas cosas deliciosas que no alcancé a probar. Y quiero comprarle algo rico a la abuela Melba para llevarle de regalo.
—Sin problema.
—Y... quiero ir a ver a Bocadillo.
—Hagamos esto. —Noel tomó su mano y le besó los nudillos—. En cuanto ganemos la competencia, iremos a comer todo lo que quieras. Luego compramos los dulces para Melba. Después pasamos a visitar a Bocadillo y le dejamos algunas golosinas. Y, para cerrar la noche, nos subimos a La Rueda de la Fortuna. ¿Te parece bien el plan?
Nanette se movió contra él como una gatita consentida.
—Me parece perfecto.
***
En la final del evento solo quedaban tres equipos: Nube Alta, Faro Tecnológico y una prestigiosa compañía británica.
Galileo Godoy desbordaba una confianza absoluta. Creía tener la victoria asegurada, pero nunca imaginó que Nanette tendría un as bajo la manga.
Siguiendo la sugerencia de Noel, Nanette había integrado un complejo programa de protocolos de rescate de emergencia al diseño del robot. Dado el poco tiempo, no pudieron modificar la estructura física drásticamente, así que el robot solo podía ejecutar comandos básicos de rescate.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó