—¡Yo también me estoy hartando, tengo que hacer todo lo que ella me ordena!
—Galileo. —Al ver que se alteraba, Nanette le habló con voz suave—: Ya tomaste mucho, mejor vete a descansar.
Galileo la ignoró por completo.
—No me voy a divorciar de ti. De ahora en adelante, quiero que llevemos la fiesta en paz. Así que, aunque mi abuela te diga cosas feas, tú aguanta, no tiene caso ponerte a pelear con ella.
Tanta plática solo para pedirle que se aguantara.
Pero ni por asomo mencionó que la defendería o la apoyaría.
Hasta ese momento, Nanette se dio cuenta de algo.
Parecía que Galileo le guardaba mucho resentimiento a Anatolia.
Y ese resentimiento, tras aguantar tanto tiempo, se volvía cada vez más fuerte.
Nanette retiró la mano con disimulo y la escondió bajo las sábanas, limpiándosela con fuerza.
—Mejor vete a dormir, ya no te hagas ideas raras en la cabeza.
Pero Galileo la miró fijamente y le preguntó:
—Nanette, si algún día cometiera un error, ¿me perdonarías?
¿Algún día?
¿Acaso no te has equivocado ya desde hace mucho?
Y bastante.
Desde el principio, Galileo la había estado engañando. Todos esos votos en la boda habían sido puras mentiras.
Se casó con ella por puro impulso, por conformismo.
Aunque estaba con ella, en su corazón solo pensaba en Yolanda.
Con razón, durante esos tres años, su esposo había tratado a Yolanda tan bien, al punto de la preferencia descarada.
Definitivamente, el amor ciego te vuelve estúpido.
Nanette sentía que había sido una completa idiota.
Llegó a pensar que Galileo trataba bien a Yolanda solo porque sus familias eran muy unidas y él la veía como a una hermana menor.
En ese instante, Nanette sintió lo agotador que era todo esto.
Saberlo todo, pero tener que fingir ignorancia.
Y encima, tener que interpretar el papel de la esposa perfecta, seguirle la corriente a Galileo, decir cosas que no sentía y no dejar que se le escapara ningún detalle.
Cuando lograra vengarse, en serio debería considerar volverse actriz.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó