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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 733

Galileo resopló con frialdad.

—¿Y acaso necesito tu permiso?

Ivón se quedó sin palabras.

¡Su hijo se había vuelto cada vez más despiadado con ella!

Tras darle vueltas al asunto, decidió intentar por las buenas. Poniendo su mejor sonrisa, se sentó a su lado.

—Galileo, hay muchísimas mujeres jóvenes y hermosas. ¿Por qué tienes que aferrarte a ella? Confía en mí, te encontraré a alguien que te deje más que satisfecho, ¿qué dices?

Galileo aplastó el cigarrillo con fuerza en el cenicero, mantuvo la cabeza baja y guardó silencio un momento.

Cuando volvió a hablar, su tono fue de una frialdad indiscutible.

—Solo la quiero a ella.

Poco después de que Galileo subiera a su habitación, Silvio lo llamó.

—Presidente Godoy, investigué sobre el médico y la enfermera que le hicieron la inseminación a la Srta. Larco, pero ya no trabajan en ese hospital. Nadie sabe a dónde se fueron, así que, por ahora, no podemos saber de quién es el esperma congelado que usó.

Galileo frunció el ceño.

—Sigue investigando.

—Entendido, Presidente Godoy.

Al colgar, tiró el celular sobre la cama.

Su humor empeoró de golpe, llenándose de frustración.

¿De quién era el bebé de Nanette?

Esa pregunta lo atormentaba desde hacía tiempo.

Había estado buscando la respuesta, pero era como si unas manos invisibles estuvieran moviendo los hilos, bloqueando cada uno de sus intentos.

Esa duda ya se había convertido en su obsesión.

Tal vez, lo que realmente quería saber no era quién era el padre.

Lo que necesitaba confirmar era que ese bebé no tenía absolutamente nada que ver con Noel Cortés.

Solo así podría estar tranquilo.

Por la noche.

Galileo llegó a un club privado para reunirse con los encargados de la licitación.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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