La expresión de Noel se mantuvo tan fría e impasible como siempre.
—Llamarme cuñado no te servirá de nada en este momento.
Félix bajó la cabeza, desanimado.
—Hermana...
Nanette extendió la mano.
—Entrégame las tarjetas.
—¿Qué tarjetas? —preguntó Félix, confundido.
—Todas tus tarjetas de crédito y débito.
Félix se quedó de piedra.
—Pero... ¿de qué voy a vivir?
—A partir de mañana, vas a presentarte en la empresa. Trabajarás de nueve a cinco, sin retrasos y sin salir temprano. La compañía te pagará un sueldo puntual que será suficiente para cubrir tus gastos mensuales —dictaminó Nanette con firmeza.
—¡¿Qué?! —Félix protestó, más que inconforme—. ¿Vivir solo de un sueldo? ¡Voy a estar súper ajustado! ¿Y qué pasa si quiero invitar a mis amigos a comer o algo así?
Nanette no tenía intención de discutir tonterías.
—O haces las cosas como te pido, o de ahora en adelante ni me busques, porque no pienso hacerme cargo de ti.
Félix no se atrevió a decir una palabra más. Rápidamente sacó su billetera, extrajo todas las tarjetas bancarias y se las entregó a Nanette.
—Y las llaves del auto —añadió ella.
Félix parpadeó, incrédulo.
—¡¿También las llaves del auto?! Entonces, ¿cómo se supone que voy a ir a trabajar?
—En transporte público.
—¡¿En transporte público?! —Félix pensó que había escuchado mal—. ¡Hermana! ¡¿Cómo me pides que viaje en autobús?! ¡En mi vida me he subido a uno de esos! Soy el joven heredero de la familia Larco, ¡no me puedes mandar en autobús, eso es ridículo!
Nanette extendió la palma de la mano.
—¿Me las das o no?
Félix suplicó.
—Hermana, por favor, te lo ruego, déjame el auto, ya te di todas las tarjetas.
—¿Planeas llegar a tu puesto de Jefe de Almacén manejando un auto deportivo? —preguntó Nanette, alzando una ceja.
—Pero si mi cuñado dijo que era un puesto importante de supervisión. ¿Qué tiene de malo llegar en un buen auto? —se defendió él.
Hugo se giró hacia otro lado, haciendo un esfuerzo enorme por contener la risa.
Pobre tonto.
Ni siquiera sabía qué demonios hacía un Jefe de Almacén.
Era como cuando el Rey Mono fue engañado con un título divino falso en el cielo y, al descubrir la verdad, casi arma una revolución.
Hugo no podía evitar preguntarse si este chico armaría su propio escándalo cuando descubriera que un Jefe de Almacén de logística básicamente cargaba cajas.
Nanette cayó en cuenta de que Félix no tenía la menor idea de en qué consistía el puesto y casi se le escapa la verdad.
Noel intervino a tiempo.
—La empresa tiene un vehículo que se te puede prestar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó