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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 1248

Fue entonces cuando Nanette recordó preguntar.

—Hermano, ¿a qué te dedicas?

Fabián no respondió directamente.

—¿Tú qué crees que hago?

Nanette lo observó con detenimiento, analizó su postura, pero al final negó con la cabeza.

—No tengo idea.

Fabián sonrió.

—Y eso que mi hermanita es muy brillante.

—Es que siempre tienes un aire de misterio, hermano.

—En realidad, soy muy sencillo —respondió él con una ligera sonrisa.

Tenía una mirada perceptiva, un carácter sereno y reservado, pero al mismo tiempo una firmeza inquebrantable.

—¿Médico militar? —adivinó Nanette de pronto.

Esta vez, hasta Daniela se quedó boquiabierta.

—¡Nanette! ¡¿Cómo puedes ser tan inteligente?!

Nanette sonrió, un poco apenada.

—La verdad fue pura suerte.

Daniela explicó:

—Tu hermano se graduó de la universidad de medicina militar y antes trabajaba en el Hospital Militar Regional de Ciudad Laurel.

Nanette apretó los labios, sin saber muy bien qué decir.

Por venir a ayudarla, su hermano incluso había renunciado a su empleo.

Fabián leyó su expresión y se apresuró a aclarar:

—Justo quería un cambio de ambiente. Aproveché la oportunidad para descansar un tiempo; cuando me sienta listo, buscaré trabajo de nuevo. No hay prisa.

Remigio intervino:

—Tampoco puedes descansar eternamente y descuidar tu carrera. Por cierto, supe que el hospital del Mando Militar del Sur está buscando personal. Deberías ir a probar suerte.

—Entendido, papá.

Nanette no pudo evitar salir en defensa de su hermano.

—Papá, ¿de verdad crees que mi hermano necesita «probar suerte»? ¡Por supuesto que lo van a aceptar! Los hospitales deben estar peleándose por él. Además, acaba de renunciar, ¿no puedes dejar que descanse un poco más? Yo quería que nos fuéramos a pasear por San Lirio.

Remigio dejó escapar un suspiro de resignación.

—Si yo digo una palabra, tú me contestas diez.

Nanette hizo un pequeño puchero.

—Está bien, ya no digo nada.

Remigio le acarició la cabeza con dulzura.

—No, dime, dime todo lo que quieras. A mí me encanta escuchar a mi hija.

Daniela se rio.

—Tu papá se va a convertir en el fan número uno de su hija.

***

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